Olvido. La mayoría lo hemos presenciado y todos lo hemos vivido. Nuestra mente descarta la información trivial para dejar espacio a asuntos más relevantes. Por lo general no le damos importancia a estas pequeñas lagunas en nuestra memoria, es algo que sucede continuamente; la ropa que vestiste hace dos veranos, la receta que viste en televisión la semana pasada, el color de las flores expuestas en aquel escaparate, la melodía que sonó en la radio mientras te duchabas. Datos e información que nuestra mente no considera útiles ni relevantes, y que por lo tanto, deben ser eliminados para así poder guardar aquello que realmente importa.
Pero en ocasiones este mecanismos falla, y lo que nos importa empieza a desaparecer de nuestra memoria por determinadas circunstancias. Cuando perdemos estos recuerdos y experiencias perdemos algo más que una porción de memoria, si no todo lo que nos ha llevado a ser quienes somos, lecciones de vida, fracasos y logros, momentos felices y traumáticos, personas que han dejado huella o un vacío imponente. Todo lo que nos ha construido a lo largo de nuestra vida.
Así que realmente... ¿Qué sucede cuando empiezas a olvidar? ¿Sigues siendo tu mismo o te conviertes en otra persona? ¿Qué se siente al ser esta "nueva persona" que ha aparecido debido a una desaparición? A pesar de que todas estas cuestiones inflaman mi curiosidad, me horroriza llegar a descubrir las respuestas. Temo que llegue el día en que mi mente pierda las riendas, dejando mi cuerpo a merced de un completo desconocido.
martes, 5 de diciembre de 2017
miércoles, 15 de noviembre de 2017
CUÁNTO VIVE
Muchos de nosotros tenemos la suerte de compartir nuestro hogar con uno o varios animales. Durante el inicio de esta maravillosa relación, la pregunta que siempre nos hacemos o nos hacen es: ¿Y cuánto tiempo vive?
No obstante, no es este el punto al que quería llegar realmente, ya que esa sencilla pregunta nos conduce a algo mucho más profundo. No consiste tan solo en considerar el tiempo que va a vivir, si no el tiempo que va a estar en nuestras vidas.
Tendemos a valorar la durabilidad de las cosas y desgraciadamente, por lo general, llegamos a la conclusión de que si no va a ser para siempre o al menos para un largo periodo de tiempo, no merece la pena incluirlo en nuestras vidas.
Da la impresión de que es esencial hacer consciente a la persona de la mortalidad del animal, y de que su esperanza de vida es mucho más corta que la nuestra. Es decir, que vamos a tener que sufrir su muerte.
Qué más dará cuánto tiempo viva, ni tan siquiera sabemos cuánto vamos a vivir nosotros mismos. Es posible que ellos nos sobrevivan, nosotros tampoco somos inmortales, así que... qué más darán todas esas patrañas. Lo importante es que son uno más de la familia. Y esté el tiempo que esté, lo vamos a querer incondicionalmente
No obstante, no es este el punto al que quería llegar realmente, ya que esa sencilla pregunta nos conduce a algo mucho más profundo. No consiste tan solo en considerar el tiempo que va a vivir, si no el tiempo que va a estar en nuestras vidas.
Tendemos a valorar la durabilidad de las cosas y desgraciadamente, por lo general, llegamos a la conclusión de que si no va a ser para siempre o al menos para un largo periodo de tiempo, no merece la pena incluirlo en nuestras vidas.
¿Porqué medimos el valor de nuestras relaciones, vivencias, emociones, etc. en cantidad en lugar de calidad? ¿De verdad nos compensa descartar de nuestras vidas algo que puede ser memorable y maravilloso simplemente debido a que se va a terminar? Es algo que suena terriblemente ridículo, teniendo en cuenta que lo que irremediablemente va a terminar en nuestras vidas es... nuestra vida.
No desaprovechéis la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable por el miedo de que en algún momento vaya a terminar. Os diré algo: con seguridad va a terminar. Todo termina en esta vida. Así que vividla.
viernes, 25 de agosto de 2017
UNA VIDA, UN UNIVERSO
Me encantaría poder percibir el mundo a través de los sentidos de otras personas. Quisiera saber si para ellos es igual que para mí, o si por contra, sus mundos son completamente distintos al mío.
Saber cómo son sus colores, sus olores, sus sonidos, sus sabores.
Si sus emociones y sentimientos se corresponden a lo que yo siento.
Si la voz interna de su cabeza suena de la misma forma que la mía.
Las reacciones y procesos fisiológicos de sus cuerpos.
Sentir la pasión que otros sienten por cosas que yo jamás imaginaría. Y de la misma forma, saber qué se siente al odiar las cosas que yo amo.
Percibir imágenes y sonidos que mis sentidos son incapaces de percibir.
Resultaría fascinante y emocionante que cada uno de nosotros percibiéramos un mundo distinto. Y más fascinante aún resultaría poder experimentarlo.
Saber cómo son sus colores, sus olores, sus sonidos, sus sabores.
Si sus emociones y sentimientos se corresponden a lo que yo siento.
Si la voz interna de su cabeza suena de la misma forma que la mía.
Las reacciones y procesos fisiológicos de sus cuerpos.
Sentir la pasión que otros sienten por cosas que yo jamás imaginaría. Y de la misma forma, saber qué se siente al odiar las cosas que yo amo.
Percibir imágenes y sonidos que mis sentidos son incapaces de percibir.
Resultaría fascinante y emocionante que cada uno de nosotros percibiéramos un mundo distinto. Y más fascinante aún resultaría poder experimentarlo.
miércoles, 16 de agosto de 2017
NO ESTÁS SOLO
Fue a los 13 años cuando empecé a descubrir el mundo de la informática e Internet. En el instituto teníamos la opción de acudir a una asignatura específica para aprender sobre el tema, así que sin duda alguna, me apunté. En aquella época me resultaba algo desconocido y difícil de comprender, pero en cuanto aprendí las bases, más me interesaba por ello y más fascinante me resultaba.
Y es que había tantas genialidades que se podían conseguir a tan solo un clic de distancia: la posibilidad de escuchar música maravillosa, ver bellas y extravagantes pinturas, leer y crear historias increíbles, e incluso comunicarse con personas que viven en el otro extremo del mundo de forma instantánea.
Esto último hace años habría sido impensable, algo tan solo al alcance de la imaginación y los sueños. Para alguien como yo supuso una revelación, la luz al final del túnel, ya que de esta forma encontré a personas muy similares a mí, con las que resultaba fácil ser tú mismo. Además, el hecho de emplear el lenguaje escrito y el anonimato que ofrece la mensajería online, me aportó cierta seguridad. Algo así como una especie de chaleco salvavidas, dado que de esta forma me era posible compartir muchos de mis temores e inseguridades, los cuales guardaba celosamente en mi interior, ya que exponerlos suponía para mí derribar las murallas que me protegían de los peligros del exterior.
Y es que realmente se trata de una bendición cuando ocurre..
Qué tranquilizador cuando descubres que hay más gente que se siente como tú.
Que comparte tus mismas pasiones y aficiones.
Que ve la vida desde tu mismo punto de vista.
Que lidia con los mismos problemas y dificultades.
Que se siente identificado cuando les explicas tus miedos.
Que encuentra agotador enfrentarse cada día a la vida.
Por una parte desearías que todas esas personas no tuvieran que pasar por lo mismo que tú, porque sólo tú sabes lo mucho que has sufrido. Pero por otra te alegras de no estar tan solo en el mundo. De que hay más gente que se ha enfrentado a tus mismos demonios. Más gente que es como tú. De que hay al menos una persona en el mundo que te comprende.
Y es que había tantas genialidades que se podían conseguir a tan solo un clic de distancia: la posibilidad de escuchar música maravillosa, ver bellas y extravagantes pinturas, leer y crear historias increíbles, e incluso comunicarse con personas que viven en el otro extremo del mundo de forma instantánea.
Esto último hace años habría sido impensable, algo tan solo al alcance de la imaginación y los sueños. Para alguien como yo supuso una revelación, la luz al final del túnel, ya que de esta forma encontré a personas muy similares a mí, con las que resultaba fácil ser tú mismo. Además, el hecho de emplear el lenguaje escrito y el anonimato que ofrece la mensajería online, me aportó cierta seguridad. Algo así como una especie de chaleco salvavidas, dado que de esta forma me era posible compartir muchos de mis temores e inseguridades, los cuales guardaba celosamente en mi interior, ya que exponerlos suponía para mí derribar las murallas que me protegían de los peligros del exterior.
Y es que realmente se trata de una bendición cuando ocurre..
Qué tranquilizador cuando descubres que hay más gente que se siente como tú.
Que comparte tus mismas pasiones y aficiones.
Que ve la vida desde tu mismo punto de vista.
Que lidia con los mismos problemas y dificultades.
Que se siente identificado cuando les explicas tus miedos.
Que encuentra agotador enfrentarse cada día a la vida.
Por una parte desearías que todas esas personas no tuvieran que pasar por lo mismo que tú, porque sólo tú sabes lo mucho que has sufrido. Pero por otra te alegras de no estar tan solo en el mundo. De que hay más gente que se ha enfrentado a tus mismos demonios. Más gente que es como tú. De que hay al menos una persona en el mundo que te comprende.
miércoles, 2 de agosto de 2017
domingo, 9 de julio de 2017
DESEAR LO PEOR
Creemos por lo general que la muerte es lo peor que se le puede desear a una persona. Es un deseo deleznable y digno de ser repudiado por cualquier ser humano que se precie.
Sin embargo, para muchas personas la muerte es lo único que pueden desear.
Cuando ya no queda más esperanza tras interminables batallas perdidas, cuando lo único que se vislumbra en el horizonte son incontables días de dolor y sufrimiento, cuando ya no es posible encontrar ningún gozo y satisfacción, cuando lo único que queda de la vida es... Sobrevivir.
Para muchos la muerte es el único consuelo que les queda. Es el anhelado final que nunca llega, y que muchos nos negamos a conceder, porque creemos que es lo peor que se puede desear.
Sin embargo, para muchas personas la muerte es lo único que pueden desear.
Cuando ya no queda más esperanza tras interminables batallas perdidas, cuando lo único que se vislumbra en el horizonte son incontables días de dolor y sufrimiento, cuando ya no es posible encontrar ningún gozo y satisfacción, cuando lo único que queda de la vida es... Sobrevivir.
Para muchos la muerte es el único consuelo que les queda. Es el anhelado final que nunca llega, y que muchos nos negamos a conceder, porque creemos que es lo peor que se puede desear.
lunes, 26 de junio de 2017
PERSONAS TÓXICAS
Tendemos a hablar de las personas tóxicas como si ello no fuera con nosotros. Nos desequilibran, nos llenan de sentimientos nocivos, y nos provocan ansiedad y estrés. Son personas que desestabilizan por completo nuestra vida, por lo que se torna necesario expulsarlas de ella lo más rápido posible. En cuanto esto sucede, el problema está en teoría solventado. La calma vuelve tras la tormenta, todo se reestructura y continuamos el camino sin esa persona. Pero aquí es necesario preguntarse...
¿Estamos seguros de que realmente era esa persona la que resultaba ser tóxica? ¿O más bien se trata de encontrarse inmerso en un relación tóxica?
No nos vamos a llevar bien con todo el mundo. De entrada esto es algo, si no imposible, al menos improbable. En ocasiones nuestras personalidades colisionan, y no es algo ni mucho menos planeado, ni que nos apetezca iniciar una relación desde la enemistad, si no que, simplemente, es una unión que no resulta beneficiosa para ninguna de las dos partes.
La parte complicada es cuando dos personas se aprecian y quieren, pero por circunstancias que escapan de su control, la relación termina siendo destructiva para ambos. Se intentarán buscar soluciones y alternativas para que mejore, o para que al menos el mal no sea tan grave, pero en ocasiones no habrá salida posible. Y tan doloroso es continuar con esa relación, como terminarla.
¿Estamos seguros de que realmente era esa persona la que resultaba ser tóxica? ¿O más bien se trata de encontrarse inmerso en un relación tóxica?
No nos vamos a llevar bien con todo el mundo. De entrada esto es algo, si no imposible, al menos improbable. En ocasiones nuestras personalidades colisionan, y no es algo ni mucho menos planeado, ni que nos apetezca iniciar una relación desde la enemistad, si no que, simplemente, es una unión que no resulta beneficiosa para ninguna de las dos partes.
La parte complicada es cuando dos personas se aprecian y quieren, pero por circunstancias que escapan de su control, la relación termina siendo destructiva para ambos. Se intentarán buscar soluciones y alternativas para que mejore, o para que al menos el mal no sea tan grave, pero en ocasiones no habrá salida posible. Y tan doloroso es continuar con esa relación, como terminarla.
viernes, 2 de junio de 2017
A TRAVÉS DE LA VENTANA
Observar a través de la ventana de un vehículo es uno de esos pequeños placeres de la vida, ya sea de un coche, un autobús, un tren o un avión. En cuanto voy a realizar un viaje como pasajera, simplemente me siento, me abrocho el cinturón, me pongo mi música y me dispongo a emplear el tiempo de viaje a observar a través de la ventana.
Observo los árboles recortados en el cielo, las largas y tranquilas playas, las calles repletas de gente que se apresura hacia su destino, a esas personas asomadas en el balcón de su hogar, las nubes grises que vaticinan lluvia, los pequeños animales que corretean por los campos cercanos,
Es algo que realmente disfruto durante esos largos viajes, activa mi mente y me imbuyo de mis propios pensamientos y emociones.
Observo los árboles recortados en el cielo, las largas y tranquilas playas, las calles repletas de gente que se apresura hacia su destino, a esas personas asomadas en el balcón de su hogar, las nubes grises que vaticinan lluvia, los pequeños animales que corretean por los campos cercanos,
Es algo que realmente disfruto durante esos largos viajes, activa mi mente y me imbuyo de mis propios pensamientos y emociones.
miércoles, 24 de mayo de 2017
REBASANDO EL LÍMITE
En múltiples ocasiones me he encontrado a mí misma deseando ser como esas personas realmente activas y sociables, que siempre quieren salir a tomar una tapas, pasar la noche de fiesta e irse de acampada durante tiempo indefinido. El problemas es que a veces las relaciones llegan a un punto en que se tornan intolerables para mí.
Para muchas personas tengo un medidor, que cuando llega a su límite significa que necesito un descanso. No es que no quiera o aprecie a esa persona, ni mucho menos. Es que un exceso de actividad social me agota mentalmente, y me afecta. Me irrito con la mínima tontería, estoy a la defensiva sin motivo, lo que escucho me parece mal, me fuerzo a mí misma a ser sociable, etc. En fin, que me transformo en una auténtica amargada.
Para que esto no ocurra necesito pasar tiempo conmigo misma, disfrutar de mis aficiones, contemplar el mundo, o simplemente no hacer absolutamente nada y dejar a mi mente reposar.
Y cuando este periodo de asueto llega a su fin, me encuentro completamente renovada, con la energía y el deseo de llevar a cabo cualquier actividad social que se me plantee.
En múltiples ocasiones me he encontrado a mí misma deseando ser como esas personas realmente activas y sociables. Pero sé que no soy así ni jamás lo seré.
Hace tiempo pensaba que la raíz del problema residía en mi forma de ser. Hoy por hoy sé que el verdadero problema era que no me aceptara tal y como soy.
Para muchas personas tengo un medidor, que cuando llega a su límite significa que necesito un descanso. No es que no quiera o aprecie a esa persona, ni mucho menos. Es que un exceso de actividad social me agota mentalmente, y me afecta. Me irrito con la mínima tontería, estoy a la defensiva sin motivo, lo que escucho me parece mal, me fuerzo a mí misma a ser sociable, etc. En fin, que me transformo en una auténtica amargada.
Para que esto no ocurra necesito pasar tiempo conmigo misma, disfrutar de mis aficiones, contemplar el mundo, o simplemente no hacer absolutamente nada y dejar a mi mente reposar.
Y cuando este periodo de asueto llega a su fin, me encuentro completamente renovada, con la energía y el deseo de llevar a cabo cualquier actividad social que se me plantee.
En múltiples ocasiones me he encontrado a mí misma deseando ser como esas personas realmente activas y sociables. Pero sé que no soy así ni jamás lo seré.
Hace tiempo pensaba que la raíz del problema residía en mi forma de ser. Hoy por hoy sé que el verdadero problema era que no me aceptara tal y como soy.
jueves, 11 de mayo de 2017
DESEOS MALDITOS
Supongamos que un buen día se nos ofrece la siguiente posibilidad:
Obtenemos el poder de erradicar de la faz de la tierra toda enfermedad. No sólo eso, si no que también estaríamos exentos de todo mal que afecte al buen funcionamiento de nuestro organismo, como el hambre, las temperaturas extremas o la deprivación de sueño. Con tan solo desearlo, eliminaríamos de un plumazo todo ese sufrimiento.
Pero no todo es de color de rosa, ya que nuestra decisión tiene consecuencias. Al eliminar todos estos factores, la esperanza de vida se alargaría y se incrementaría la población, con todo lo que ello supone: consumo acelerado de recursos naturales, ocupación de hábitats de otros seres vivos, masificación de poblaciones, inicio de guerras por la comida y el agua, etc.
He aquí el problema. ¿Estarías dispuesto a usar el poder concedido... o no?
domingo, 7 de mayo de 2017
MUERTE
Me aterra la muerte. Cuando pienso en el día en que abandone este mundo, me recorre un escalofrío intenso. A pesar de que es algo a lo que me enfrento a menudo, y es la única verdad irrefutable de este mundo, algo natural y que empieza a suceder desde el momento en que nacemos.
Quiero seguir aquí, necesito seguir aquí. Saber qué ocurrirá en el mundo y más allá de las fronteras del espacio, cómo evolucionará la sociedad, qué nuevos avances verá la humanidad, qué conocimientos tomarán el lugar de aquellos que consideramos hoy en día irrefutables, si nos reconciliaremos con la naturaleza y con nosotros mismos.
Por supuesto, sería pretenciosa si dijera que este motivo es el único causante de mi miedo.
Tampoco deseo partir hacia esa desconocida oscuridad de la que nadie regresa. En el fondo me gusta pensar que cuando morimos, renacemos en otro lugar, otro tiempo, e incluso otro universo. Que se nos concede otra oportunidad. Esto, naturalmente, es una simple creencia personal.
Cruzar esa puerta, sin tan siquiera saber si hay algo detrás de ella, es aterrador.
Quiero seguir aquí, necesito seguir aquí. Saber qué ocurrirá en el mundo y más allá de las fronteras del espacio, cómo evolucionará la sociedad, qué nuevos avances verá la humanidad, qué conocimientos tomarán el lugar de aquellos que consideramos hoy en día irrefutables, si nos reconciliaremos con la naturaleza y con nosotros mismos.
Por supuesto, sería pretenciosa si dijera que este motivo es el único causante de mi miedo.
Tampoco deseo partir hacia esa desconocida oscuridad de la que nadie regresa. En el fondo me gusta pensar que cuando morimos, renacemos en otro lugar, otro tiempo, e incluso otro universo. Que se nos concede otra oportunidad. Esto, naturalmente, es una simple creencia personal.
Cruzar esa puerta, sin tan siquiera saber si hay algo detrás de ella, es aterrador.
viernes, 5 de mayo de 2017
PASADO ALTERADO
Muchas veces he escuchado eso de "todo tiempo pasado fue mejor" o "más vale malo conocido que bueno por conocer". Es una creencia extendida y bien arraigada. Además, normalmente hablamos y nos hablan del pasado con nostalgia. Echamos de menos ese tiempo en el que residen nuestro buenos y maravillosos recuerdos, repletos de felicidad.
Pero cuanto más pienso en ello más creo que dicha creencia no es del todo correcta.
Creemos que fue mejor por el simple hecho de que ya sabemos cómo termina la historia. Y si dicha historia tiene un final feliz, muchísimo mejor. Por así decirlo tenemos un control del pasado porque conocemos su desenlace, por lo tanto nos parece mejor. Al menos mejor que el presente, ese tiempo incierto, lleno de posibilidades y desenlaces misteriosos.
Por lo tanto, a mi modo de ver, la frase más bien sería "todo tiempo pasado nos parece mejor".
Si me dieran la oportunidad de volver al pasado y repetir de nuevo toda mi vida desde cero, no dudaría un instante. Diría que no. ¿Pero volver atrás, sabiendo todo lo que sé hoy por hoy y conservando todas mis experiencias intactas? Entonces sí que volvería, sin pensarlo dos veces.
Pero cuanto más pienso en ello más creo que dicha creencia no es del todo correcta.
Creemos que fue mejor por el simple hecho de que ya sabemos cómo termina la historia. Y si dicha historia tiene un final feliz, muchísimo mejor. Por así decirlo tenemos un control del pasado porque conocemos su desenlace, por lo tanto nos parece mejor. Al menos mejor que el presente, ese tiempo incierto, lleno de posibilidades y desenlaces misteriosos.
Por lo tanto, a mi modo de ver, la frase más bien sería "todo tiempo pasado nos parece mejor".
Si me dieran la oportunidad de volver al pasado y repetir de nuevo toda mi vida desde cero, no dudaría un instante. Diría que no. ¿Pero volver atrás, sabiendo todo lo que sé hoy por hoy y conservando todas mis experiencias intactas? Entonces sí que volvería, sin pensarlo dos veces.
lunes, 1 de mayo de 2017
VELO TERRORÍFICO
Estoy en mi habitación, a oscuras y echa un ovillo sobre la cama. Ha sucedido algo que ha desatado una poderoso ataque de pánico, por lo que para tratar de calmarme me he visto obligada a recluirme en mi pequeño santuario.
No suele ocurrir, pero a lo largo de mi vida he lidiado en diversas ocasiones con está angustiosa situación. Si se mantiene la calma se puede llegar a controlar y detener su avance, pero es realmente dificultoso, y cuando pierdes las riendas de tu mente todo sucede como una estampida, imparable y poderosa.
Así, me hallo tumbada en la cama en posición fetal, tratando de retraerme sobre mí misma lo máximo posible, tratando de protegerme de lo que se avecina a toda costa.
Empiezo a respirar fuertemente, tarea que se vuelve más complicada a cada segundo que pasa, hasta el punto que siento que me falta el aire.
Los latidos de mi corazón se aceleran y se vuelven más poderosos. Tanto, que puedo sentirlo como si quisiera atravesar mi pecho y escapar de mi cuerpo.
De repente siento todo el poder de la gravedad actuando sobre mí. El pecho empieza a oprimirme, como si una gran losa de piedra cayera sobre él, y las cuatro extremidades se vuelven tan pesadas que me veo incapaz de levantar el dedo meñique si así lo deseara.
Finalmente llega el punto álgido. Esa sensación de que todo lo que me rodea se torna extraño e irreal. Me siento... como en una burbuja, pero a la vez expuesta al entorno. Todo a mi alrededor se siente extraño, desconocido, peligroso. No solo esto, si no que mi mente se turba hasta el punto de que no es capaz de reconocerme. Pierdes la sensación del mundo y de ti mismo.
Sé que es difícil de entender, sobre todo porque ni yo misma soy capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresarlo. Pero en cuanto lo sientes es inconfundible.
Poco a poco, todos estos síntomas van remitiendo. Realmente no desaparecen del todo hasta el día siguiente, pero ya se sienten tan solo como un murmullo.
Sé que está situación ha durado unos minutos, aunque no sabría especificar el tiempo exacto. Cada segundo que paso en este estado tortuoso se siente como una eternidad.
Y de esta manera abandono mi espacio seguro, de vuelta al mundo real. Sin fuerzas ni voluntad para enfrentarme a él.
No suele ocurrir, pero a lo largo de mi vida he lidiado en diversas ocasiones con está angustiosa situación. Si se mantiene la calma se puede llegar a controlar y detener su avance, pero es realmente dificultoso, y cuando pierdes las riendas de tu mente todo sucede como una estampida, imparable y poderosa.
Así, me hallo tumbada en la cama en posición fetal, tratando de retraerme sobre mí misma lo máximo posible, tratando de protegerme de lo que se avecina a toda costa.
Empiezo a respirar fuertemente, tarea que se vuelve más complicada a cada segundo que pasa, hasta el punto que siento que me falta el aire.
Los latidos de mi corazón se aceleran y se vuelven más poderosos. Tanto, que puedo sentirlo como si quisiera atravesar mi pecho y escapar de mi cuerpo.
De repente siento todo el poder de la gravedad actuando sobre mí. El pecho empieza a oprimirme, como si una gran losa de piedra cayera sobre él, y las cuatro extremidades se vuelven tan pesadas que me veo incapaz de levantar el dedo meñique si así lo deseara.
Finalmente llega el punto álgido. Esa sensación de que todo lo que me rodea se torna extraño e irreal. Me siento... como en una burbuja, pero a la vez expuesta al entorno. Todo a mi alrededor se siente extraño, desconocido, peligroso. No solo esto, si no que mi mente se turba hasta el punto de que no es capaz de reconocerme. Pierdes la sensación del mundo y de ti mismo.
Sé que es difícil de entender, sobre todo porque ni yo misma soy capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresarlo. Pero en cuanto lo sientes es inconfundible.
Poco a poco, todos estos síntomas van remitiendo. Realmente no desaparecen del todo hasta el día siguiente, pero ya se sienten tan solo como un murmullo.
Sé que está situación ha durado unos minutos, aunque no sabría especificar el tiempo exacto. Cada segundo que paso en este estado tortuoso se siente como una eternidad.
Y de esta manera abandono mi espacio seguro, de vuelta al mundo real. Sin fuerzas ni voluntad para enfrentarme a él.
jueves, 27 de abril de 2017
UNA VIDA NO ES SUFICIENTE
Siento la imperiosa necesidad de vivir todas mis posibilidades. Todo cuanto puedo hacer en este mundo, en esta vida... Mi espíritu necesita experimentarlo.
Sé que esto es imposible, y siento como cien cadenas me impiden llevar a cabo todo cuanto deseo.
Si tomo una decisión, otras muchas quedan automáticamente descartadas. Otras posibilidades son contradictorias. Otras... Imposibles tan siquiera de imaginar.
Y esto me frustra profundamente. Me frustra no poder estar en diversos lugares, estar limitada a cumplir una posibilidad a cada tiempo. Me siento atrapada y es frustrante.
Supongo que es por esto que mi mente no cesa de imaginar distintas historias. Vidas en lugares exóticos, compartidas con personas extravagantes, trabajando en todo aquello que me apasiona, viviendo aventuras de las que tal vez no saliera con vida.
Tan solo así puedo vivir todo lo que mi ser necesita.
Sé que esto es imposible, y siento como cien cadenas me impiden llevar a cabo todo cuanto deseo.
Si tomo una decisión, otras muchas quedan automáticamente descartadas. Otras posibilidades son contradictorias. Otras... Imposibles tan siquiera de imaginar.
Y esto me frustra profundamente. Me frustra no poder estar en diversos lugares, estar limitada a cumplir una posibilidad a cada tiempo. Me siento atrapada y es frustrante.
Supongo que es por esto que mi mente no cesa de imaginar distintas historias. Vidas en lugares exóticos, compartidas con personas extravagantes, trabajando en todo aquello que me apasiona, viviendo aventuras de las que tal vez no saliera con vida.
Tan solo así puedo vivir todo lo que mi ser necesita.
lunes, 24 de abril de 2017
LUGAR DE PAZ
Desde que puedo recordar, me ha gustado visitar el cementerio. Las idas no eran muy habituales, pero un par de veces al año acudía con mi familia a dejar flores y adecentar las tumbas de mis antepasados.
No sabría explicar exactamente el por qué me resultaban tan placenteros los viajes al cementerio. Supongo que la razón radicaría en un conjunto de factores. Los altos árboles recortados en el cielo, el ligero murmullo de la gente que se encontraba allí, el cálido sol sobre mi piel, la atmósfera de respeto y calma, el sonido de mis pasos entre las tumbas, el color y aroma de las flores que las familias depositaban a sus seres queridos.
Era un lugar en el que no temía deambular y perderme, que algo malo pudiera pasar. Se sentía seguro y pacífico.
No sabría explicar exactamente el por qué me resultaban tan placenteros los viajes al cementerio. Supongo que la razón radicaría en un conjunto de factores. Los altos árboles recortados en el cielo, el ligero murmullo de la gente que se encontraba allí, el cálido sol sobre mi piel, la atmósfera de respeto y calma, el sonido de mis pasos entre las tumbas, el color y aroma de las flores que las familias depositaban a sus seres queridos.
Era un lugar en el que no temía deambular y perderme, que algo malo pudiera pasar. Se sentía seguro y pacífico.
viernes, 21 de abril de 2017
SATISFACCIÓN TERRORÍFICA
La base de mi trabajo radica en la dedicación a los demás. Otorgarles las claves y herramientas necesarias para que sean independientes y, en caso de no conseguir este objetivo, permanecer junto a ellos y ofrecerles consuelo, respeto y comprensión en sus momentos más bajos.
Es realmente satisfactorio. Aquellos que os dediquéis a esto lo comprenderéis inmediatamente.
Cuando ves a otra persona lograr sus objetivos, crecer como ser humano y ser mejor cada día, te hace sentir realmente orgulloso de ella. Pero también da real satisfacción poder estar al lado de alguien que no se encuentra en su mejor momento, ofreciéndole un hombro en el que apoyarse, una superficie a la que agarrarse cuando salga a flote.
Y de la misma manera es realmente desgarrador. Es terrible ver por todo el sufrimiento que llega a pasar un ser humano. Todo el dolor que se puede llegar a sentir y el terror que es capaz desencadenar la mente. La impotencia de no poseer la habilidad ni los medios para cambiar la situación y la frustración de fracasar una vez tras otra.
Es un trabajo en el que se viven momentos que quedan marcados en la memoria, dejando recuerdos alegres y otros traumáticos.
Podría dedicarme a algo que me diese más dinero, más tiempo libre, más momentos para cuidarme a mí misma. Podría hacerlo. Y de ser así, sentiría mi alma y corazón tan vacíos como el abismo más oscuro y abrupto. Porque a pesar del dolor, de la tristeza, de la frustración y de la culpa, por todo ello siempre pasarán la felicidad, la alegría, la satisfacción, las risas, el orgullo y la autorealización.
Porque que algo tenga un lado oscuro y terrible no debe hacernos dar un paso atrás, todo en la vida tiene esa parte desagradable. Es nuestro deber sobreponernos a esto y encontrar el lado bueno.
Nunca dejéis pasar una oportunidad por que haya algo que resulte terrorífico. Hacedlo, con miedo, pero hacedlo.
Es realmente satisfactorio. Aquellos que os dediquéis a esto lo comprenderéis inmediatamente.
Cuando ves a otra persona lograr sus objetivos, crecer como ser humano y ser mejor cada día, te hace sentir realmente orgulloso de ella. Pero también da real satisfacción poder estar al lado de alguien que no se encuentra en su mejor momento, ofreciéndole un hombro en el que apoyarse, una superficie a la que agarrarse cuando salga a flote.
Y de la misma manera es realmente desgarrador. Es terrible ver por todo el sufrimiento que llega a pasar un ser humano. Todo el dolor que se puede llegar a sentir y el terror que es capaz desencadenar la mente. La impotencia de no poseer la habilidad ni los medios para cambiar la situación y la frustración de fracasar una vez tras otra.
Es un trabajo en el que se viven momentos que quedan marcados en la memoria, dejando recuerdos alegres y otros traumáticos.
Podría dedicarme a algo que me diese más dinero, más tiempo libre, más momentos para cuidarme a mí misma. Podría hacerlo. Y de ser así, sentiría mi alma y corazón tan vacíos como el abismo más oscuro y abrupto. Porque a pesar del dolor, de la tristeza, de la frustración y de la culpa, por todo ello siempre pasarán la felicidad, la alegría, la satisfacción, las risas, el orgullo y la autorealización.
Porque que algo tenga un lado oscuro y terrible no debe hacernos dar un paso atrás, todo en la vida tiene esa parte desagradable. Es nuestro deber sobreponernos a esto y encontrar el lado bueno.
Nunca dejéis pasar una oportunidad por que haya algo que resulte terrorífico. Hacedlo, con miedo, pero hacedlo.
martes, 18 de abril de 2017
DESCANSO DE REALIDAD
En múltiples ocasiones me encuentro a mí misma desconectada de la realidad, imaginándome en situaciones idílicas que sé que nunca ocurrirán, pero que me resulta satisfactorio aunque sea tenerlas en mi cabeza durante un instante.
Un exceso de realidad termina por resultarme intolerable. Mi mente se embota de tal manera que no es capaz de funcionar debidamente, y cualquier nimiedad me irrita. Es por ello que, de tanto en tanto, cierro la puerta con llave y pestillo a todo estímulo exterior. En alguna ocasión he escuchado reproches al respecto. "Desconectar no es una solución", "Debes enfrentarte a tus problemas", "No puedes hacer desaparecer lo que te molesta ignorándolo".
Todo lo contrario. Mi problema es un exceso de realidad, y no voy a combatir el fuego con más fuego, es absurdo. Es por ello que de vez en cuando necesito meterme en mis pequeños mundos de fantasía, así que me tomo unas cortas vacaciones haciendo lo que otorga más paz a mi espíritu.
Leo durante horas, transportándome al mundo que el autor ha descrito tan detalladamente, y sintiendo como si cada personaje fuese un querido amigo. Dibujo con todo lo que tengo a mano y dejo volar mi creatividad, de manera que puedo empezar con la silueta de una preciosa muchacha y terminar pintando un paisaje caótico y lleno de color. Veo un maratón de esa saga que tanto adoro, esa saga que se siente como regresar al hogar. Me tumbo en el sofá y me queda mirando el techo, permitiendo a mi mente reorganizar sus pensamiento, creando unos más agradables y desechando los menos placenteros. O simplemente no hago absolutamente nada.
Tras mis adoradas vacaciones en universos inventados, mi mente se encuentra completamente energizada, con fuerzas suficientes como para regresar de nuevo al mundo y enfrentarlo con optimismo y calma de espíritu.
De vez en cuando, todos necesitamos escapar de esta realidad y sumergirnos en otros mundos. Nuestros propios mundos.
Un exceso de realidad termina por resultarme intolerable. Mi mente se embota de tal manera que no es capaz de funcionar debidamente, y cualquier nimiedad me irrita. Es por ello que, de tanto en tanto, cierro la puerta con llave y pestillo a todo estímulo exterior. En alguna ocasión he escuchado reproches al respecto. "Desconectar no es una solución", "Debes enfrentarte a tus problemas", "No puedes hacer desaparecer lo que te molesta ignorándolo".
Todo lo contrario. Mi problema es un exceso de realidad, y no voy a combatir el fuego con más fuego, es absurdo. Es por ello que de vez en cuando necesito meterme en mis pequeños mundos de fantasía, así que me tomo unas cortas vacaciones haciendo lo que otorga más paz a mi espíritu.
Leo durante horas, transportándome al mundo que el autor ha descrito tan detalladamente, y sintiendo como si cada personaje fuese un querido amigo. Dibujo con todo lo que tengo a mano y dejo volar mi creatividad, de manera que puedo empezar con la silueta de una preciosa muchacha y terminar pintando un paisaje caótico y lleno de color. Veo un maratón de esa saga que tanto adoro, esa saga que se siente como regresar al hogar. Me tumbo en el sofá y me queda mirando el techo, permitiendo a mi mente reorganizar sus pensamiento, creando unos más agradables y desechando los menos placenteros. O simplemente no hago absolutamente nada.
Tras mis adoradas vacaciones en universos inventados, mi mente se encuentra completamente energizada, con fuerzas suficientes como para regresar de nuevo al mundo y enfrentarlo con optimismo y calma de espíritu.
De vez en cuando, todos necesitamos escapar de esta realidad y sumergirnos en otros mundos. Nuestros propios mundos.
miércoles, 12 de abril de 2017
EN MI HISTORIA SOY...
Toda historia que se precie cuenta al menos con un héroe y un monstruo. A medida que avanza la narración tendrán diversos encuentros emocionantes, en los que pondrán a prueba sus habilidades y valor. Algunas veces el héroe saldrá vencedor para regocijo de todos, mientras que otras será el monstruo el que se lleve la victoria.
Cada uno de nosotros nos consideramos los héroes de nuestras propias historias. ¿Cómo no hacerlo? Somos el protagonista principal, alrededor del cual gira toda la trama. Es inconcebible verlo de otra forma. Mientras tanto, todo aquel que se cruce en nuestro camino y nos dificulte avanzar será el monstruo de nuestra aventura. Pero para estos malvados seres... ¿Qué somos nosotros? No el héroe desde luego, dado que estamos tratando de derrotarlo para continuar nuestro camino. Entonces... ¿Qué?
Es curioso que nos tengamos en tan alta estima que no nos demos cuenta que nosotros mismos somos los monstruos en las historias de otros. Actuamos como tales, aunque no lo veamos.
Que seamos el personaje principal de nuestra historia no significa que seamos héroes. Tal y como son descritos en las leyendas, nosotros no poseemos la verdad absoluta, ni un corazón puro, ni una moral férrea. Somos seres humanos, generosos, bondadosos, valerosos y determinados. Pero también erramos, actuamos egoístamente, causamos pesar, mentimos y destruimos.
No debemos olvidar que los monstruos de nuestras historias, son héroes en las suyas.
Cada uno de nosotros nos consideramos los héroes de nuestras propias historias. ¿Cómo no hacerlo? Somos el protagonista principal, alrededor del cual gira toda la trama. Es inconcebible verlo de otra forma. Mientras tanto, todo aquel que se cruce en nuestro camino y nos dificulte avanzar será el monstruo de nuestra aventura. Pero para estos malvados seres... ¿Qué somos nosotros? No el héroe desde luego, dado que estamos tratando de derrotarlo para continuar nuestro camino. Entonces... ¿Qué?
Es curioso que nos tengamos en tan alta estima que no nos demos cuenta que nosotros mismos somos los monstruos en las historias de otros. Actuamos como tales, aunque no lo veamos.
- Porque siempre nos creemos generosos y bondadosos, pero no consideramos que también actuamos en nuestro beneficio.
- Porque siempre mencionamos lo odiosa que es la mentira, pero en más de una ocasión hemos mentido a un ser querido.
- Porque siempre hablamos de la persona que nos rompió el corazón, pero nunca mencionamos los corazones que hemos roto.
- Porque siempre recordamos las decepciones que nos han causado, pero olvidamos las veces que hemos decepcionado.
Que seamos el personaje principal de nuestra historia no significa que seamos héroes. Tal y como son descritos en las leyendas, nosotros no poseemos la verdad absoluta, ni un corazón puro, ni una moral férrea. Somos seres humanos, generosos, bondadosos, valerosos y determinados. Pero también erramos, actuamos egoístamente, causamos pesar, mentimos y destruimos.
No debemos olvidar que los monstruos de nuestras historias, son héroes en las suyas.
lunes, 10 de abril de 2017
CONSEJOS DE UN ALMA PERDIDA
Todos hemos dado o recibido a lo largo de nuestras vidas un consejo, ya sea sobre aspectos o decisiones importantes o sobre cosas simples y triviales.
Los consejos pueden llegar hasta nosotros por motivos y personas muy diversos. Un padre preocupado sobre nutro porvenir, un amigo relatando una experiencia propia, un conocido mostrando altívamente su superioridad, un profesor tratando de otorgar motivación. Detrás de cada consejo hay una historia, un sentimiento, un objetivo. Pero hay algo muy concreto que siempre me ha resultado curioso acerca de ellos; cómo los seleccionamos.
Pongamos sobre la mesa a dos personas que nos ofrecen el mismo consejo. Ambas son completamente similares, con la diferencia que una de ellas sigue se consejo a raja tabla mientras que la otra no es capaz de hacerlo. En este punto muchos ya habrán tomado una decisión clara.
Y es que resultaría ilógico darle autoridad alguna a la persona que no sigue su propio consejo, algo que parece incluso ofensivo. ¿Cómo tiene la osadía de aconsejarme sobre algo que no es capaz de seguir él mismo? ¿Se está burlando de mí?
Comprendo esta forma de pensamiento, ya que para nuestro sistema de razonamiento carece de sentido realizar algo que a otra persona aparentemente no le ha dado resultado.
Sin embargo yo soy de la opinión que los consejos que vienen de personas incapaces de seguirlos son los que más fervientemente se deben seguir, porque... ¿No se tratará más de no poder seguir el consejo propio?
Todos cometemos errores. Tomamos decisiones precipitadas, e incluso decisiones que han estado rondando nuestra mente durante días, y ambas pueden fracasar estrepitosamente. Esto nos conduce a situaciones desagradables de las que no somos capaces de salir, que nos provocan sufrimiento y pesar. Son en ocasiones la gente que nos rodea, el entorno, alguna enfermedad, o simplemente la vida, quienes nos conducen inevitablemente a un callejón sin salida.
Esta es la razón por la que les otorgo valor a esos consejos. Porque por diversos motivos no somos capaces de salir de la situación en la que nos encontramos atrapados, pero otros aun tienen la oportunidad de no verse envueltos en esa desagradable celda. Aun están a tiempo de salvarse, mientras que nosotros ya estamos condenados.
Las personas que dan consejo y no lo siguen... No pueden seguirlo. Y te dan a ti la oportunidad que ellos ya han perdido.
Los consejos pueden llegar hasta nosotros por motivos y personas muy diversos. Un padre preocupado sobre nutro porvenir, un amigo relatando una experiencia propia, un conocido mostrando altívamente su superioridad, un profesor tratando de otorgar motivación. Detrás de cada consejo hay una historia, un sentimiento, un objetivo. Pero hay algo muy concreto que siempre me ha resultado curioso acerca de ellos; cómo los seleccionamos.
Pongamos sobre la mesa a dos personas que nos ofrecen el mismo consejo. Ambas son completamente similares, con la diferencia que una de ellas sigue se consejo a raja tabla mientras que la otra no es capaz de hacerlo. En este punto muchos ya habrán tomado una decisión clara.
Y es que resultaría ilógico darle autoridad alguna a la persona que no sigue su propio consejo, algo que parece incluso ofensivo. ¿Cómo tiene la osadía de aconsejarme sobre algo que no es capaz de seguir él mismo? ¿Se está burlando de mí?
Comprendo esta forma de pensamiento, ya que para nuestro sistema de razonamiento carece de sentido realizar algo que a otra persona aparentemente no le ha dado resultado.
Sin embargo yo soy de la opinión que los consejos que vienen de personas incapaces de seguirlos son los que más fervientemente se deben seguir, porque... ¿No se tratará más de no poder seguir el consejo propio?
Todos cometemos errores. Tomamos decisiones precipitadas, e incluso decisiones que han estado rondando nuestra mente durante días, y ambas pueden fracasar estrepitosamente. Esto nos conduce a situaciones desagradables de las que no somos capaces de salir, que nos provocan sufrimiento y pesar. Son en ocasiones la gente que nos rodea, el entorno, alguna enfermedad, o simplemente la vida, quienes nos conducen inevitablemente a un callejón sin salida.
Esta es la razón por la que les otorgo valor a esos consejos. Porque por diversos motivos no somos capaces de salir de la situación en la que nos encontramos atrapados, pero otros aun tienen la oportunidad de no verse envueltos en esa desagradable celda. Aun están a tiempo de salvarse, mientras que nosotros ya estamos condenados.
Las personas que dan consejo y no lo siguen... No pueden seguirlo. Y te dan a ti la oportunidad que ellos ya han perdido.
PAISAJE A ALTA VELOCIDAD
Tan rápido... todo pasa rápido. Tan rápido como cuando uno observa el paisaje a través de la ventana de un tren en marcha y sólo es capaz de ver imágenes borrosas, apenas reconocibles a la vista. Tal que así nos pasan desapercibidos numerosos placeres de la vida.
Actualmente muchos nos vemos atados a nuestra apretada agenda, las responsabilidades nos llaman a todas horas, sin darnos un minuto para respirar. A penas nos hemos sentado a tomar un respiro, que una nueva responsabilidad ha llegado para que nos hagamos cargo de ella. Y cuando llega el final del día nos acostamos con la sensación del deber cumplido. Hemos llevado a buen término todas y cada una de las actividades que nos habíamos propuesto para el día. Excepto que en incontables ocasiones nos olvidamos de prestar verdadera atención a esas actividades. O simplemente, prestar atención a la vida. Vamos tan rápido y queremos abarcar tanto, que nos perdemos cosas maravillosas.
El plácido silencio al despertar por la mañana.
Una flor que crece en la brecha del asfalto.
Las estrellas del firmamento asomando tímidamente entre las nubes.
Cada uno de los distintos instrumentos de esa canción que suena en la frutería.
El aroma de la comida justo antes de llevarnos la primera cucharada a la boca.
El vaivén de las motas de polvo flotando a través de la luz del sol.
La amabilidad desconsiderada entre extraños.
Las ondas en el agua tras el paso de un barco.
El vuelo de ese pájaro que se llevó la miga de pan que cayó al suelo.
El sonido de la madera que se quema en la chimenea.
Sin darnos cuenta, nuestro tren va tan rápido que no somos capaces de disfrutar del paisaje. Así que cuando tengamos oportunidad, y éste se detenga por un momento, tomémonos un momento para sentarnos, y simplemente observar detenidamente a través de la ventana.
Actualmente muchos nos vemos atados a nuestra apretada agenda, las responsabilidades nos llaman a todas horas, sin darnos un minuto para respirar. A penas nos hemos sentado a tomar un respiro, que una nueva responsabilidad ha llegado para que nos hagamos cargo de ella. Y cuando llega el final del día nos acostamos con la sensación del deber cumplido. Hemos llevado a buen término todas y cada una de las actividades que nos habíamos propuesto para el día. Excepto que en incontables ocasiones nos olvidamos de prestar verdadera atención a esas actividades. O simplemente, prestar atención a la vida. Vamos tan rápido y queremos abarcar tanto, que nos perdemos cosas maravillosas.
El plácido silencio al despertar por la mañana.
Una flor que crece en la brecha del asfalto.
Las estrellas del firmamento asomando tímidamente entre las nubes.
Cada uno de los distintos instrumentos de esa canción que suena en la frutería.
El aroma de la comida justo antes de llevarnos la primera cucharada a la boca.
El vaivén de las motas de polvo flotando a través de la luz del sol.
La amabilidad desconsiderada entre extraños.
Las ondas en el agua tras el paso de un barco.
El vuelo de ese pájaro que se llevó la miga de pan que cayó al suelo.
El sonido de la madera que se quema en la chimenea.
Sin darnos cuenta, nuestro tren va tan rápido que no somos capaces de disfrutar del paisaje. Así que cuando tengamos oportunidad, y éste se detenga por un momento, tomémonos un momento para sentarnos, y simplemente observar detenidamente a través de la ventana.
miércoles, 22 de marzo de 2017
YA NO MÁS
Duele. Duele ver a una persona por la que sientes aprecio y cariño llamarte gilipollas. Verla juzgarte simplemente por como eres, apuntando con su dedo índice directamente a tus defectos, como si fueran pecados inconfesables, vergüenzas que deben ser escondidas del mundo. Como si ella no tuviera defecto alguno.
Así, una persona a la que quiero y aprecio ha dejado al descubierto que mis defectos son más poderosos que su amor por mí. Y yo no puedo más, me rindo. No me siento capaz de seguir aceptando a alguien que no me acepta. Porque... ¿En eso es lo que consiste la amistad, no? En aceptar a alguien, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué conmigo no es igual?
Sí, sigo queriéndola. Sí, seguiré a su lado cuando me necesite. Sí, seguiremos riendo y pasando tiempo juntas. Pero ya no confío en ella. No más.
Así, una persona a la que quiero y aprecio ha dejado al descubierto que mis defectos son más poderosos que su amor por mí. Y yo no puedo más, me rindo. No me siento capaz de seguir aceptando a alguien que no me acepta. Porque... ¿En eso es lo que consiste la amistad, no? En aceptar a alguien, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué conmigo no es igual?
Sí, sigo queriéndola. Sí, seguiré a su lado cuando me necesite. Sí, seguiremos riendo y pasando tiempo juntas. Pero ya no confío en ella. No más.
domingo, 12 de marzo de 2017
SI SIENTES QUE HAS PERDIDO TU DON
Para aquellos artistas que se sienten incapaces de coger un lápiz y dibujar algo que consideren digno de sus habilidades.
Para aquellos escritores que se hallan sentados durante horas, delante de una hoja en blanco, tratando de escribir una misera línea.
Para aquellos músicos que no consiguen encontrar ni la pasión ni la voluntad para tocar esa canción que tanto aman desde que tienen memoria.
Para aquellos deportistas que se creen incapaces de mantener el mismo ritmo que sus compañeros.
Para aquellos estudiantes que no consiguen de ningún modo mantener la concentración para leer ese tema sobre el que tanto querían aprender.
Para aquellos cocineros que no consiguen encontrar el punto justo de sabor y cocción de ese plato que llevan cocinando desde que son unos tiernos infantes.
Para aquellos jardineros que ven marchitarse las flores más bonitas durante la época en la que debían florecer en su máximo esplendor.
Para aquellos diseñadores que no son capaces de recrear ese vestido que tantos aplausos desató la pasada temporada en la pasarela de moda.
Para aquellos científicos que se encuentran estancados en el punto más importante de su investigación.
Esto es para todos vosotros, para todos los que creéis que vuestro don ha desaparecido de la faz de la tierra, que se ha desvanecido sin dejar el más mínimo rastro.
Debéis saber que no lo habéis perdido. No, no es así, sigue ahí. Tan solo se encuentra oculto en algún rincón de vuestro ser, y por algún motivo no sois capaces de sacarlo a la luz. Puede que esta situación dure un día, una semana, algunos meses... Quién sabe.
Lo sé, es desesperante. La incertidumbre de no saber qué pasará, de no ser capaz de hallar la voluntad para hacer aquello que tanto amábamos. ¿Cómo es posible que de repente, algo por lo que he practicado durante años, me resulte tan complicado de realizar? ¿Tanto que ni siquiera puedo pensar en llevarlo a cabo?
Pero he aquí las palabras que os quiero dedicar y que no quiero que olvidéis jamás: en cuanto menos lo esperéis, reaparecerá esa chispa. Ese pequeño click que hacía que vuestro don se disparara, que os hacía sentir esa llama cálida en vuestro corazón. A veces no sirve de nada forzarse, ni buscarlo desesperadamente, aunque ello implique aún más sufrimiento.
Simplemente, un día cualquiera regresará igual que se marchó; sin previo aviso.
Así que desde el corazón os digo, no os preocupéis. Disfrutad, y vuestro don, ese por el que tanto habéis luchado, por el que habéis sacrificado horas de vuestra vida, ese que habéis estado desarrollando desde que lo descubristeis, ese que os hace querer ser mejores de lo que fuisteis ayer, y que os ha proporcionado alegrías, enfados, satisfacción y frustración, regresará en cuanto menos os lo esperéis.
Para aquellos escritores que se hallan sentados durante horas, delante de una hoja en blanco, tratando de escribir una misera línea.
Para aquellos músicos que no consiguen encontrar ni la pasión ni la voluntad para tocar esa canción que tanto aman desde que tienen memoria.
Para aquellos deportistas que se creen incapaces de mantener el mismo ritmo que sus compañeros.
Para aquellos estudiantes que no consiguen de ningún modo mantener la concentración para leer ese tema sobre el que tanto querían aprender.
Para aquellos cocineros que no consiguen encontrar el punto justo de sabor y cocción de ese plato que llevan cocinando desde que son unos tiernos infantes.
Para aquellos jardineros que ven marchitarse las flores más bonitas durante la época en la que debían florecer en su máximo esplendor.
Para aquellos diseñadores que no son capaces de recrear ese vestido que tantos aplausos desató la pasada temporada en la pasarela de moda.
Para aquellos científicos que se encuentran estancados en el punto más importante de su investigación.
Esto es para todos vosotros, para todos los que creéis que vuestro don ha desaparecido de la faz de la tierra, que se ha desvanecido sin dejar el más mínimo rastro.
Debéis saber que no lo habéis perdido. No, no es así, sigue ahí. Tan solo se encuentra oculto en algún rincón de vuestro ser, y por algún motivo no sois capaces de sacarlo a la luz. Puede que esta situación dure un día, una semana, algunos meses... Quién sabe.
Lo sé, es desesperante. La incertidumbre de no saber qué pasará, de no ser capaz de hallar la voluntad para hacer aquello que tanto amábamos. ¿Cómo es posible que de repente, algo por lo que he practicado durante años, me resulte tan complicado de realizar? ¿Tanto que ni siquiera puedo pensar en llevarlo a cabo?
Pero he aquí las palabras que os quiero dedicar y que no quiero que olvidéis jamás: en cuanto menos lo esperéis, reaparecerá esa chispa. Ese pequeño click que hacía que vuestro don se disparara, que os hacía sentir esa llama cálida en vuestro corazón. A veces no sirve de nada forzarse, ni buscarlo desesperadamente, aunque ello implique aún más sufrimiento.
Simplemente, un día cualquiera regresará igual que se marchó; sin previo aviso.
Así que desde el corazón os digo, no os preocupéis. Disfrutad, y vuestro don, ese por el que tanto habéis luchado, por el que habéis sacrificado horas de vuestra vida, ese que habéis estado desarrollando desde que lo descubristeis, ese que os hace querer ser mejores de lo que fuisteis ayer, y que os ha proporcionado alegrías, enfados, satisfacción y frustración, regresará en cuanto menos os lo esperéis.
HIPOCRESÍA DESAPERCIBIDA
Eres un hipócrita.
Es una frase que se oye demasiado a menudo en múltiples ámbitos y conversaciones. Dejamos escapar estas palabras con total autoridad, como si nos pertenecieran, como si este término a nosotros nos fuera completamente ajeno.
"Eres tú el que eres un hipócrita. Yo tengo mi conciencia tranquila, ya que me adhiero completamente a mi férreo sistema de valores y mis actos concuerdan exactamente con lo que pienso."
¿Estamos completamente seguros de que en realidad... No somos un poco hipócritas?
Despreciamos la mentira, pero todos mentimos en algún momento, por motivos que consideramos mejores o peores.
Despreciamos a los que hacen daño a otras personas, sin embargo nosotros también lo hacemos en ocasiones, sin ni tan siquiera percatarnos de ello.
Despreciamos a los que son egoístas, pero nosotros también actuamos en nuestro beneficio.
Despreciamos la injusticia, aun cuando nosotros mismo las cometemos o somos partícipes de ellas.
No con esto quiero decir que esté mal llamar hipócrita a alguien. Simplemente no debemos olvidar que todos nosotros actuamos en múltiples ocasiones de forma contraria a la que pensamos, debido a las circunstancias, motivos personales, etc.
Y es que parece ser que resulta prácticamente imposible no ser un hipócrita, pues está en nuestra naturaleza ser seres contradictorios.
Es una frase que se oye demasiado a menudo en múltiples ámbitos y conversaciones. Dejamos escapar estas palabras con total autoridad, como si nos pertenecieran, como si este término a nosotros nos fuera completamente ajeno.
"Eres tú el que eres un hipócrita. Yo tengo mi conciencia tranquila, ya que me adhiero completamente a mi férreo sistema de valores y mis actos concuerdan exactamente con lo que pienso."
¿Estamos completamente seguros de que en realidad... No somos un poco hipócritas?
Despreciamos la mentira, pero todos mentimos en algún momento, por motivos que consideramos mejores o peores.
Despreciamos a los que hacen daño a otras personas, sin embargo nosotros también lo hacemos en ocasiones, sin ni tan siquiera percatarnos de ello.
Despreciamos a los que son egoístas, pero nosotros también actuamos en nuestro beneficio.
Despreciamos la injusticia, aun cuando nosotros mismo las cometemos o somos partícipes de ellas.
No con esto quiero decir que esté mal llamar hipócrita a alguien. Simplemente no debemos olvidar que todos nosotros actuamos en múltiples ocasiones de forma contraria a la que pensamos, debido a las circunstancias, motivos personales, etc.
Y es que parece ser que resulta prácticamente imposible no ser un hipócrita, pues está en nuestra naturaleza ser seres contradictorios.
jueves, 16 de febrero de 2017
NO VEO EL AMOR
Todos los días observo pequeños actos de amor entre las personas con las que me cruzo por la calle. Un padre que seca las lágrimas de su hija tras hacerse un rasguño en la rodilla, dos amigas que se abrazan para hacerse una foto, una pareja que se da un pasionado beso de despedida.
La mayoría de nosotros tiene al menos a una persona a la que le importa en el mundo, alguien que se preocupa por nuestra felicidad y bienestar. Yo también tengo a personas en mi vida a las que quiero. Sin embargo en ocasiones el amor me resulta tan abstracto e inalcanzable que no soy capaz de creerlo.
Mis demonios juegan conmigo, y no me permiten comprender que la gente pueda llegar a quererme y/o apreciarme. Sí confío plenamente en aquellos que han estado conmigo durante prácticamente toda mi vida, pero en lo que respecta al resto... El amor del resto me resulta complicado. Cuando mi ánimo está en momentos bajos lo llego a percibir hasta como una burla. Mi mente sabe que no tiene sentido, que la gente no fingiría que me aprecia, puesto que no sacan ningún beneficio de ello.
No obstante, mi corazón es de otro parecer. Mi corazón me dice que no es posible que me aprecien y disfruten de mi compañía, que no es posible que toleren a alguien que en ocasiones no tiene nada que decir, fija su mirada al suelo, de espíritu frágil y con poca confianza en ella misma.
Estos dos gigantes se encuentran constantemente en desacuerdo. Cuando mente y corazón llegan a un punto de inflexión, lideran terribles batallas que me dejan a mí, la única soldado presente, tan exhausta como si hubiese peleado contra cientos de enemigos.
Para poder encontrar la paz, debería decantarme por uno de ambos, bien la sabiduría y la lógica de la mente, o la intuición y emotividad del corazón. Lo malo de ello es que, a pesar de que entre ellos nunca existirá un entendimiento, yo estoy de acuerdo con los dos. Ese es el detonante de esta interminable guerra.
La mayoría de nosotros tiene al menos a una persona a la que le importa en el mundo, alguien que se preocupa por nuestra felicidad y bienestar. Yo también tengo a personas en mi vida a las que quiero. Sin embargo en ocasiones el amor me resulta tan abstracto e inalcanzable que no soy capaz de creerlo.
Mis demonios juegan conmigo, y no me permiten comprender que la gente pueda llegar a quererme y/o apreciarme. Sí confío plenamente en aquellos que han estado conmigo durante prácticamente toda mi vida, pero en lo que respecta al resto... El amor del resto me resulta complicado. Cuando mi ánimo está en momentos bajos lo llego a percibir hasta como una burla. Mi mente sabe que no tiene sentido, que la gente no fingiría que me aprecia, puesto que no sacan ningún beneficio de ello.
No obstante, mi corazón es de otro parecer. Mi corazón me dice que no es posible que me aprecien y disfruten de mi compañía, que no es posible que toleren a alguien que en ocasiones no tiene nada que decir, fija su mirada al suelo, de espíritu frágil y con poca confianza en ella misma.
Estos dos gigantes se encuentran constantemente en desacuerdo. Cuando mente y corazón llegan a un punto de inflexión, lideran terribles batallas que me dejan a mí, la única soldado presente, tan exhausta como si hubiese peleado contra cientos de enemigos.
Para poder encontrar la paz, debería decantarme por uno de ambos, bien la sabiduría y la lógica de la mente, o la intuición y emotividad del corazón. Lo malo de ello es que, a pesar de que entre ellos nunca existirá un entendimiento, yo estoy de acuerdo con los dos. Ese es el detonante de esta interminable guerra.
FUTURO INCIERTO
Cada día viene y pasa como una hoja arrastrada por el viento. Algunos repletos de risas y momentos memorables, rodeada por mis seres queridos y sintiéndome completa. Otros... Otros simplemente no merece la pena tan siquiera recordarlos.
El presente es un término que a mi mente le resulta bastante cómodo. Es lo que tenemos ahora mismo, estás viviéndolo, sintiéndolo... Está ocurriendo en este mismo instante.
Para el pasado ocurre más o menos lo mismo, es algo que ya he vivido, y más o menos tengo la certeza de que ha sido real.
Pero en lo que respecta al futuro... eso es otra historia. El futuro inmediato puedo llegar a "verlo", es algo que siento cercano, algo que está en cierto modo más planeado, y cuyas posibilidades de ir mal son menores. Pero el futuro lejano es el que me resulta más extraño, y hace que se formulen múltiples preguntas que en mi cabeza sobre ese tiempo tan incierto y tan oscuro, sin que pueda darles respuesta a ninguna de ellas. ¿Me habré independizado? ¿Tendré tan siquiera un techo en el que vivir? ¿Tendré un trabajo más o menos estable? ¿Me veré abrumada por las facturas? ¿Que será de mis relaciones familiares? ¿Serán iguales? ¿Podré hacer nuevos amigos? ¿Habré perdido a los que tengo ahora?
No es que el futuro lejano me inquiete o me aterre. Me preocupo muchísimo más por los problemas actuales que por lo que pueda pasar en el futuro. Sin embargo lo que mi mente no alcanza a comprender es como tanta gente puede estar tan segura sobre sus futuros. Saben casi a ciencia cierta que tendrán una casa en la que formarán una familia. Cada día acudirán a su puesto de trabajo, y cada tanto tendrán unas maravillosas vacaciones en las que aprovecharán para realizar un viaje al extranjero con su perfecta familia. Cuando se jubilen podrán entonces disfrutar de sus seres queridos y sus aficiones, tranquilos y con buen estado de salud, hasta que llegué el apacible final.
Comprendo que esta visión de futuro otorga muchísima paz y tranquilidad. Es mucho mejor imaginar un futuro en el que todo va bien y no otro en el que pueden existir posibilidades menos agradables.
Aún así me resulta complicado cómo pueden tener toda su vida detalladamente planeada, cuando todo puede irse al traste en un mísero instante. Tan solo en un mísero segundo nuestra vida puede dar un giro de 180 grados, e incluso podemos llegar a perder todo cuánto poseemos.
Creemos erróneamente que estamos al mando, cuando somos meras marionetas del tiempo. Como esas hojas movidas por el viento.
El presente es un término que a mi mente le resulta bastante cómodo. Es lo que tenemos ahora mismo, estás viviéndolo, sintiéndolo... Está ocurriendo en este mismo instante.
Para el pasado ocurre más o menos lo mismo, es algo que ya he vivido, y más o menos tengo la certeza de que ha sido real.
Pero en lo que respecta al futuro... eso es otra historia. El futuro inmediato puedo llegar a "verlo", es algo que siento cercano, algo que está en cierto modo más planeado, y cuyas posibilidades de ir mal son menores. Pero el futuro lejano es el que me resulta más extraño, y hace que se formulen múltiples preguntas que en mi cabeza sobre ese tiempo tan incierto y tan oscuro, sin que pueda darles respuesta a ninguna de ellas. ¿Me habré independizado? ¿Tendré tan siquiera un techo en el que vivir? ¿Tendré un trabajo más o menos estable? ¿Me veré abrumada por las facturas? ¿Que será de mis relaciones familiares? ¿Serán iguales? ¿Podré hacer nuevos amigos? ¿Habré perdido a los que tengo ahora?
No es que el futuro lejano me inquiete o me aterre. Me preocupo muchísimo más por los problemas actuales que por lo que pueda pasar en el futuro. Sin embargo lo que mi mente no alcanza a comprender es como tanta gente puede estar tan segura sobre sus futuros. Saben casi a ciencia cierta que tendrán una casa en la que formarán una familia. Cada día acudirán a su puesto de trabajo, y cada tanto tendrán unas maravillosas vacaciones en las que aprovecharán para realizar un viaje al extranjero con su perfecta familia. Cuando se jubilen podrán entonces disfrutar de sus seres queridos y sus aficiones, tranquilos y con buen estado de salud, hasta que llegué el apacible final.
Comprendo que esta visión de futuro otorga muchísima paz y tranquilidad. Es mucho mejor imaginar un futuro en el que todo va bien y no otro en el que pueden existir posibilidades menos agradables.
Aún así me resulta complicado cómo pueden tener toda su vida detalladamente planeada, cuando todo puede irse al traste en un mísero instante. Tan solo en un mísero segundo nuestra vida puede dar un giro de 180 grados, e incluso podemos llegar a perder todo cuánto poseemos.
Creemos erróneamente que estamos al mando, cuando somos meras marionetas del tiempo. Como esas hojas movidas por el viento.
lunes, 6 de febrero de 2017
ACTÚA DESPUÉS DE LA ESTAMPIDA, NO ANTES.
Realmente sentí una punzada candente en mi corazón cuando descubrí que ella pensaba eso de mí. Mi mente se turbó de tal forma que ya no pude centrarme en nada más durante el resto del día.
He descubierto que alguien a quién aprecio y quiero piensa de mí de forma... No demasiado agradable. En cuanto lo descubrí mis sentimientos empezaron a galopar de forma descontrolada, abalanzándose unos contra otros.
Al principio me sentía profundamente dolida y traicionada. ¿Cómo podía ella pensar así de alguien a quién considera su hermana? ¿Cómo era posible que hablara así de mí a mis espaldas? ¿Cómo podía estar fingiendo durante todo este tiempo que todo iba bien? ¿Por qué no había hecho nada para arreglar aquello que veía mal entre nosotras? ¿Tan poco confiaba en mí? ¿Tan poco significaba para ella?
Durante la noche, ya en la cama, mis sentimientos empezaron a dispersarse un poco, aunque esto no lo hizo mejor. Empecé a sentir como si una losa me aplastara el pecho. El mundo se me caía encima, no quería recordar sus palabras, pero aparecían en mi mente como figuras fantasmales en una habitación oscura. Me dormí a las 4 y media, ahogada por el terror y la incertidumbre de qué pasaría entre nosotras a partir de ahora.
Al día siguiente me costaba mirar sus fotos y las frases de amistad que a lo largo del tiempo me había dedicado. Todo me parecía una baratija falsa y sin valor.
Por suerte, la tormenta en mi interior se apaciguó, y con mi mente y corazón claros y libres de sus demonios, pude pensar racionalmente y llegar a la conclusión final: ella tenía sus motivos para pensar de ese modo, porque yo se los había dado con mi forma de actuar. Sé que no soy perfecta ni mucho menos, mi personalidad es difícil de llevar y mucho más de soportar, así que entiendo que tenga motivos para estar harta. Que piense así de mí no significa que no me quiera o no me aprecie, simplemente que ha llegado a un punto en el que su río de paciencia está a punto de desbordarse gracias a mí.
No obstante, ahora que sé cómo piensa, no voy a permitir que eso la aleje de mí. Gracias a este conocimiento, ahora tengo el poder de reconducir las cosas por el buen camino y que con suerte, en un futuro, todo sea como era antes.
Ciertamente, me alegro de que tras todo lo sucedido no haya sucumbido al resentimiento, la tristeza y la rabia. Me alegro de haber escogido el camino del cambio, la mejora personal y la tolerancia.
He descubierto que alguien a quién aprecio y quiero piensa de mí de forma... No demasiado agradable. En cuanto lo descubrí mis sentimientos empezaron a galopar de forma descontrolada, abalanzándose unos contra otros.
Al principio me sentía profundamente dolida y traicionada. ¿Cómo podía ella pensar así de alguien a quién considera su hermana? ¿Cómo era posible que hablara así de mí a mis espaldas? ¿Cómo podía estar fingiendo durante todo este tiempo que todo iba bien? ¿Por qué no había hecho nada para arreglar aquello que veía mal entre nosotras? ¿Tan poco confiaba en mí? ¿Tan poco significaba para ella?
Durante la noche, ya en la cama, mis sentimientos empezaron a dispersarse un poco, aunque esto no lo hizo mejor. Empecé a sentir como si una losa me aplastara el pecho. El mundo se me caía encima, no quería recordar sus palabras, pero aparecían en mi mente como figuras fantasmales en una habitación oscura. Me dormí a las 4 y media, ahogada por el terror y la incertidumbre de qué pasaría entre nosotras a partir de ahora.
Al día siguiente me costaba mirar sus fotos y las frases de amistad que a lo largo del tiempo me había dedicado. Todo me parecía una baratija falsa y sin valor.
Por suerte, la tormenta en mi interior se apaciguó, y con mi mente y corazón claros y libres de sus demonios, pude pensar racionalmente y llegar a la conclusión final: ella tenía sus motivos para pensar de ese modo, porque yo se los había dado con mi forma de actuar. Sé que no soy perfecta ni mucho menos, mi personalidad es difícil de llevar y mucho más de soportar, así que entiendo que tenga motivos para estar harta. Que piense así de mí no significa que no me quiera o no me aprecie, simplemente que ha llegado a un punto en el que su río de paciencia está a punto de desbordarse gracias a mí.
No obstante, ahora que sé cómo piensa, no voy a permitir que eso la aleje de mí. Gracias a este conocimiento, ahora tengo el poder de reconducir las cosas por el buen camino y que con suerte, en un futuro, todo sea como era antes.
Ciertamente, me alegro de que tras todo lo sucedido no haya sucumbido al resentimiento, la tristeza y la rabia. Me alegro de haber escogido el camino del cambio, la mejora personal y la tolerancia.
BAJO UNA CAPA DE SEGURIDAD
Aquí estoy, debajo de las sábanas, tapada hasta la cabeza. Es estúpido, pero me aísla del mundo. Tan sólo estamos mis pensamientos y yo, en intimidad. Ninguna preocupación, ningún pesar, nadie más que la compañía de mi ser. Todo lo demás queda fuera de las barreras que he alzado a mi alrededor. Al menos, durante esta noche.
Aquí nadie sabe que me siento como un horno. Mis emociones se prenden en mi interior y me quema por dentro. Todo ese fuego desatado crea un odio tan grande que me veo incapaz de contenerlo por mucho más tiempo. Es horrible sentir como te consume por dentro, como cada pequeña acción de menosprecio es como un tronco que alimenta ese fuego hasta crear un incendio de dimensiones descomunales.
Aun así, a pesar de todo ese fuego, prefiero quedarme bajo mis sábanas que enfrentarme a la realidad. Es terrorífica, y agotadora. Especialmente agotadora.
Aquí nadie sabe que me siento como un horno. Mis emociones se prenden en mi interior y me quema por dentro. Todo ese fuego desatado crea un odio tan grande que me veo incapaz de contenerlo por mucho más tiempo. Es horrible sentir como te consume por dentro, como cada pequeña acción de menosprecio es como un tronco que alimenta ese fuego hasta crear un incendio de dimensiones descomunales.
Aun así, a pesar de todo ese fuego, prefiero quedarme bajo mis sábanas que enfrentarme a la realidad. Es terrorífica, y agotadora. Especialmente agotadora.
OBRAS DE TEATRO ONÍRICAS
Cada noche ocurre siempre lo mismo, como si se tratase de una obra de teatro ensayada hasta la saciedad. Me aseo para quitarme de la piel la suciedad de todo el día, me pongo el pijama, me lavo los dientes, me coloco la funda correctora, y me sienta un rato a ver la tele. Más bien a mirarla, porque no le presto verdadera atención a los programas que emiten, salvo que se trate de algo que realmente capte mi interés. Como ese programa de crímenes que emiten por las mañanas, o los documentales sobre historia o misterios.
Pasa el tiempo, y no dejo de mirar el reloj esperando lo inevitable. Las once y media. Las doce menos diez. Las doce y cuarto. Las doce y veinte.
Llega un momento en el que decido que es hora de acostarme, así que me levanto, apago la televisión, pongo todo en orden, apago las luces y me dirijo al dormitorio.
Al principio, en el mismo momento en el que termino de acostarme y taparme, me siento descansada. Necesitaba sentirme cobijada en el pequeño mundo de seguridad que me ofrece la cama. Ahí nada me molesta, nadie me pide nada, nadie me critica, nadie me juzga. Pero ese sentimiento termina pronto. Porque me asusta dormirme. Aunque lo necesito desesperadamente, me aterra. Cada vez que cierro los ojos y me dejo llevar por Morfeo, se crean en mi mente todo tipo de obras cuyo único fin es perturbar mi mente. Discusiones con personas conocidas, bucles de situaciones estresantes, persecuciones, huidas de seres monstruosos, escenas de muerte. Cada noche se emite una obra distinta, y yo soy bien la protagonista principal, o la espectadora. Sea cual sea, no tengo opción de elegir. Cual dado lanzado al aire, sabes que las únicas opciones que pueden darse son del 1 al 6. Mis únicas opciones son observarlo o vivirlo. Ninguna de las dos es de mi agrado.
Cuando me despierto por las mañanas no me siento mucho mejor. Por una parte aliviada, sí, porque esa tortuosa obra ha llegado a su fin (o ha sido cortada de golpe). Pero me siento tan cansada tras éstas que cuando me despierto no me siento capaz de levantarme. No cansada físicamente, podría levantarme sin más y empezar el día. La que se encuentra cansada es mi mente.
He aquí mi maldición de la que, noche tras noche, no veo modo de escapar. Necesito descansar, pero no quiero dormir. Por favor, déjame dormir. Si me duermo, por favor, despiértame.
Pasa el tiempo, y no dejo de mirar el reloj esperando lo inevitable. Las once y media. Las doce menos diez. Las doce y cuarto. Las doce y veinte.
Llega un momento en el que decido que es hora de acostarme, así que me levanto, apago la televisión, pongo todo en orden, apago las luces y me dirijo al dormitorio.
Al principio, en el mismo momento en el que termino de acostarme y taparme, me siento descansada. Necesitaba sentirme cobijada en el pequeño mundo de seguridad que me ofrece la cama. Ahí nada me molesta, nadie me pide nada, nadie me critica, nadie me juzga. Pero ese sentimiento termina pronto. Porque me asusta dormirme. Aunque lo necesito desesperadamente, me aterra. Cada vez que cierro los ojos y me dejo llevar por Morfeo, se crean en mi mente todo tipo de obras cuyo único fin es perturbar mi mente. Discusiones con personas conocidas, bucles de situaciones estresantes, persecuciones, huidas de seres monstruosos, escenas de muerte. Cada noche se emite una obra distinta, y yo soy bien la protagonista principal, o la espectadora. Sea cual sea, no tengo opción de elegir. Cual dado lanzado al aire, sabes que las únicas opciones que pueden darse son del 1 al 6. Mis únicas opciones son observarlo o vivirlo. Ninguna de las dos es de mi agrado.
Cuando me despierto por las mañanas no me siento mucho mejor. Por una parte aliviada, sí, porque esa tortuosa obra ha llegado a su fin (o ha sido cortada de golpe). Pero me siento tan cansada tras éstas que cuando me despierto no me siento capaz de levantarme. No cansada físicamente, podría levantarme sin más y empezar el día. La que se encuentra cansada es mi mente.
He aquí mi maldición de la que, noche tras noche, no veo modo de escapar. Necesito descansar, pero no quiero dormir. Por favor, déjame dormir. Si me duermo, por favor, despiértame.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)