Todos hemos dado o recibido a lo largo de nuestras vidas un consejo, ya sea sobre aspectos o decisiones importantes o sobre cosas simples y triviales.
Los consejos pueden llegar hasta nosotros por motivos y personas muy diversos. Un padre preocupado sobre nutro porvenir, un amigo relatando una experiencia propia, un conocido mostrando altívamente su superioridad, un profesor tratando de otorgar motivación. Detrás de cada consejo hay una historia, un sentimiento, un objetivo. Pero hay algo muy concreto que siempre me ha resultado curioso acerca de ellos; cómo los seleccionamos.
Pongamos sobre la mesa a dos personas que nos ofrecen el mismo consejo. Ambas son completamente similares, con la diferencia que una de ellas sigue se consejo a raja tabla mientras que la otra no es capaz de hacerlo. En este punto muchos ya habrán tomado una decisión clara.
Y es que resultaría ilógico darle autoridad alguna a la persona que no sigue su propio consejo, algo que parece incluso ofensivo. ¿Cómo tiene la osadía de aconsejarme sobre algo que no es capaz de seguir él mismo? ¿Se está burlando de mí?
Comprendo esta forma de pensamiento, ya que para nuestro sistema de razonamiento carece de sentido realizar algo que a otra persona aparentemente no le ha dado resultado.
Sin embargo yo soy de la opinión que los consejos que vienen de personas incapaces de seguirlos son los que más fervientemente se deben seguir, porque... ¿No se tratará más de no poder seguir el consejo propio?
Todos cometemos errores. Tomamos decisiones precipitadas, e incluso decisiones que han estado rondando nuestra mente durante días, y ambas pueden fracasar estrepitosamente. Esto nos conduce a situaciones desagradables de las que no somos capaces de salir, que nos provocan sufrimiento y pesar. Son en ocasiones la gente que nos rodea, el entorno, alguna enfermedad, o simplemente la vida, quienes nos conducen inevitablemente a un callejón sin salida.
Esta es la razón por la que les otorgo valor a esos consejos. Porque por diversos motivos no somos capaces de salir de la situación en la que nos encontramos atrapados, pero otros aun tienen la oportunidad de no verse envueltos en esa desagradable celda. Aun están a tiempo de salvarse, mientras que nosotros ya estamos condenados.
Las personas que dan consejo y no lo siguen... No pueden seguirlo. Y te dan a ti la oportunidad que ellos ya han perdido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario