jueves, 27 de abril de 2017

UNA VIDA NO ES SUFICIENTE

Siento la imperiosa necesidad de vivir todas mis posibilidades. Todo cuanto puedo hacer en este mundo, en esta vida... Mi espíritu necesita experimentarlo.
Sé que esto es imposible, y siento como cien cadenas me impiden llevar a cabo todo cuanto deseo.
Si tomo una decisión, otras muchas quedan automáticamente descartadas. Otras posibilidades son contradictorias. Otras... Imposibles tan siquiera de imaginar.
Y esto me frustra profundamente. Me frustra no poder estar en diversos lugares, estar limitada a cumplir una posibilidad a cada tiempo. Me siento atrapada y es frustrante.
Supongo que es por esto que mi mente no cesa de imaginar distintas historias. Vidas en lugares exóticos, compartidas con personas extravagantes, trabajando en todo aquello que me apasiona, viviendo aventuras de las que tal vez no saliera con vida.
Tan solo así puedo vivir todo lo que mi ser necesita.


lunes, 24 de abril de 2017

LUGAR DE PAZ

Desde que puedo recordar, me ha gustado visitar el cementerio. Las idas no eran muy habituales, pero un par de veces al año acudía con mi familia a dejar flores y adecentar las tumbas de mis antepasados.
No sabría explicar exactamente el por qué me resultaban tan placenteros los viajes al cementerio. Supongo que la razón radicaría en un conjunto de factores. Los altos árboles recortados en el cielo, el ligero murmullo de la gente que se encontraba allí, el cálido sol sobre mi piel, la atmósfera de respeto y calma, el sonido de mis pasos entre las tumbas, el color y aroma de las flores que las familias depositaban a sus seres queridos.
Era un lugar en el que no temía deambular y perderme, que algo malo pudiera pasar. Se sentía seguro y pacífico.


viernes, 21 de abril de 2017

SATISFACCIÓN TERRORÍFICA

La base de mi trabajo radica en la dedicación a los demás. Otorgarles las claves y herramientas necesarias para que sean independientes y, en caso de no conseguir este objetivo, permanecer junto a ellos y ofrecerles consuelo, respeto y comprensión en sus momentos más bajos.

Es realmente satisfactorio. Aquellos que os dediquéis a esto lo comprenderéis inmediatamente.
Cuando ves a otra persona lograr sus objetivos, crecer como ser humano y ser mejor cada día, te hace sentir realmente orgulloso de ella. Pero también da real satisfacción poder estar al lado de alguien que no se encuentra en su mejor momento, ofreciéndole un hombro en el que apoyarse, una superficie a la que agarrarse cuando salga a flote.
Y de la misma manera es realmente desgarrador. Es terrible ver por todo el sufrimiento que llega a pasar un ser humano. Todo el dolor que se puede llegar a sentir y el terror que es capaz desencadenar la mente. La impotencia de no poseer la habilidad ni los medios para cambiar la situación y la frustración de fracasar una vez tras otra.
Es un trabajo en el que se viven momentos que quedan marcados en la memoria, dejando recuerdos alegres y otros traumáticos.

Podría dedicarme a algo que me diese más dinero, más tiempo libre, más momentos para cuidarme a mí misma. Podría hacerlo. Y de ser así, sentiría mi alma y corazón tan vacíos como el abismo más oscuro y abrupto. Porque a pesar del dolor, de la tristeza, de la frustración y de la culpa, por todo ello siempre pasarán la felicidad, la alegría, la satisfacción, las risas, el orgullo y la autorealización.

Porque que algo tenga un lado oscuro y terrible no debe hacernos dar un paso atrás, todo en la vida tiene esa parte desagradable. Es nuestro deber sobreponernos a esto y encontrar el lado bueno.
Nunca dejéis pasar una oportunidad por que haya algo que resulte terrorífico. Hacedlo, con miedo, pero hacedlo.


martes, 18 de abril de 2017

DESCANSO DE REALIDAD

En múltiples ocasiones me encuentro a mí misma desconectada de la realidad, imaginándome en situaciones idílicas que sé que nunca ocurrirán, pero que me resulta satisfactorio aunque sea tenerlas en mi cabeza durante un instante.
Un exceso de realidad termina por resultarme intolerable. Mi mente se embota de tal manera que no es capaz de funcionar debidamente, y cualquier nimiedad me irrita. Es por ello que, de tanto en tanto, cierro la puerta con llave y pestillo a todo estímulo exterior. En alguna ocasión he escuchado reproches al respecto. "Desconectar no es una solución", "Debes enfrentarte a tus problemas", "No puedes hacer desaparecer lo que te molesta ignorándolo". 
Todo lo contrario. Mi problema es un exceso de realidad, y no voy a combatir el fuego con más fuego, es absurdo. Es por ello que de vez en cuando necesito meterme en mis pequeños mundos de fantasía, así que me tomo unas cortas vacaciones haciendo lo que otorga más paz a mi espíritu.
Leo durante horas, transportándome al mundo que el autor ha descrito tan detalladamente, y sintiendo como si cada personaje fuese un querido amigo. Dibujo con todo lo que tengo a mano y dejo volar mi creatividad, de manera que puedo empezar con la silueta de una preciosa muchacha y terminar pintando un paisaje caótico y lleno de color. Veo un maratón de esa saga que tanto adoro, esa saga que se siente como regresar al hogar. Me tumbo en el sofá y me queda mirando el techo, permitiendo a mi mente reorganizar sus pensamiento, creando unos más agradables y desechando los menos placenteros. O simplemente no hago absolutamente nada.
Tras mis adoradas vacaciones en universos inventados, mi mente se encuentra completamente energizada, con fuerzas suficientes como para regresar de nuevo al mundo y enfrentarlo con optimismo y calma de espíritu.

De vez en cuando, todos necesitamos escapar de esta realidad y sumergirnos en otros mundos. Nuestros propios mundos.


miércoles, 12 de abril de 2017

EN MI HISTORIA SOY...

Toda historia que se precie cuenta al menos con un héroe y un monstruo. A medida que avanza la narración tendrán diversos encuentros emocionantes, en los que pondrán a prueba sus habilidades y valor. Algunas veces el héroe saldrá vencedor para regocijo de todos, mientras que otras será el monstruo el que se lleve la victoria.
Cada uno de nosotros nos consideramos los héroes de nuestras propias historias. ¿Cómo no hacerlo? Somos el protagonista principal, alrededor del cual gira toda la trama. Es inconcebible verlo de otra forma. Mientras tanto, todo aquel que se cruce en nuestro camino y nos dificulte avanzar será el monstruo de nuestra aventura. Pero para estos malvados seres... ¿Qué somos nosotros? No el héroe desde luego, dado que estamos tratando de derrotarlo para continuar nuestro camino. Entonces... ¿Qué?

Es curioso que nos tengamos en tan alta estima que no nos demos cuenta que nosotros mismos somos los monstruos en las historias de otros. Actuamos como tales, aunque no lo veamos.

  • Porque siempre nos creemos generosos y bondadosos, pero no consideramos que también actuamos en nuestro beneficio.
  • Porque siempre mencionamos lo odiosa que es la mentira, pero en más de una ocasión hemos mentido a un ser querido.
  • Porque siempre hablamos de la persona que nos rompió el corazón, pero nunca mencionamos los corazones que hemos roto.
  • Porque siempre recordamos las decepciones que nos han causado, pero olvidamos las veces que hemos decepcionado.

Que seamos el personaje principal de nuestra historia no significa que seamos héroes. Tal y como son descritos en las leyendas, nosotros no poseemos la verdad absoluta, ni un corazón puro, ni una moral férrea. Somos seres humanos, generosos, bondadosos, valerosos y determinados. Pero también erramos, actuamos egoístamente, causamos pesar, mentimos y destruimos.
No debemos olvidar que los monstruos de nuestras historias, son héroes en las suyas.


lunes, 10 de abril de 2017

CONSEJOS DE UN ALMA PERDIDA

Todos hemos dado o recibido  a lo largo de nuestras vidas un consejo, ya sea sobre aspectos o decisiones importantes o sobre cosas simples y triviales.
Los consejos pueden llegar hasta nosotros por motivos y personas muy diversos. Un padre preocupado sobre nutro porvenir, un amigo relatando una experiencia propia, un conocido mostrando altívamente su superioridad, un profesor tratando de otorgar motivación. Detrás de cada consejo hay una historia, un sentimiento, un objetivo. Pero hay algo muy concreto que siempre me ha resultado curioso acerca de ellos; cómo los seleccionamos.
Pongamos sobre la mesa a dos personas que nos ofrecen el mismo consejo. Ambas son completamente similares, con la diferencia que una de ellas sigue se consejo a raja tabla mientras que la otra no es capaz de hacerlo. En este punto muchos ya habrán tomado una decisión clara.
Y es que resultaría ilógico darle autoridad alguna a la persona que no sigue su propio consejo, algo que parece incluso ofensivo. ¿Cómo tiene la osadía de aconsejarme sobre algo que no es capaz de seguir él mismo? ¿Se está burlando de mí?
Comprendo esta forma de pensamiento, ya que para nuestro sistema de razonamiento carece de sentido realizar algo que a otra persona aparentemente no le ha dado resultado.
Sin embargo yo soy de la opinión que los consejos que vienen de personas incapaces de seguirlos son los que más fervientemente se deben seguir, porque... ¿No se tratará más de no poder seguir el consejo propio?

Todos cometemos errores. Tomamos decisiones precipitadas, e incluso decisiones que han estado rondando nuestra mente durante días, y ambas pueden fracasar estrepitosamente. Esto nos conduce a situaciones desagradables de las que no somos capaces de salir, que nos provocan sufrimiento y pesar. Son en ocasiones la gente que nos rodea, el entorno, alguna enfermedad, o simplemente la vida, quienes nos conducen inevitablemente a un callejón sin salida.

Esta es la razón por la que les otorgo valor a esos consejos. Porque por diversos motivos no somos capaces de salir de la situación en la que nos encontramos atrapados, pero otros aun tienen la oportunidad de no verse envueltos en esa desagradable celda. Aun están a tiempo de salvarse, mientras que nosotros ya estamos condenados.
Las personas que dan consejo y no lo siguen... No pueden seguirlo. Y te dan a ti la oportunidad que ellos ya han perdido.


PAISAJE A ALTA VELOCIDAD

Tan rápido... todo pasa rápido. Tan rápido como cuando uno observa el paisaje a través de la ventana de un tren en marcha y sólo es capaz de ver imágenes borrosas, apenas reconocibles a la vista. Tal que así nos pasan desapercibidos numerosos placeres de la vida.
Actualmente muchos nos vemos atados a nuestra apretada agenda, las responsabilidades nos llaman a todas horas, sin darnos un minuto para respirar. A penas nos hemos sentado a tomar un respiro, que una nueva responsabilidad ha llegado para que nos hagamos cargo de ella. Y cuando llega el final del día nos acostamos con la sensación del deber cumplido. Hemos llevado a buen término todas y cada una de las actividades que nos habíamos propuesto para el día. Excepto que en incontables ocasiones nos olvidamos de prestar verdadera atención a esas actividades. O simplemente, prestar atención a la vida. Vamos tan rápido y queremos abarcar tanto, que nos perdemos cosas maravillosas.

El plácido silencio al despertar por la mañana.
Una flor que crece en la brecha del asfalto.
Las estrellas del firmamento asomando tímidamente entre las nubes.
Cada uno de los distintos instrumentos de esa canción que suena en la frutería.
El aroma de la comida justo antes de llevarnos la primera cucharada a la boca.
El vaivén de las motas de polvo flotando a través de la luz del sol.
La amabilidad desconsiderada entre extraños.
Las ondas en el agua tras el paso de un barco.
El vuelo de ese pájaro que se llevó la miga de pan que cayó al suelo.
El sonido de la madera que se quema en la chimenea.

Sin darnos cuenta, nuestro tren va tan rápido que no somos capaces de disfrutar del paisaje. Así que cuando tengamos oportunidad, y éste se detenga por un momento, tomémonos un momento para sentarnos, y simplemente observar detenidamente a través de la ventana.