viernes, 30 de septiembre de 2022
CARRERA ETERNA
martes, 27 de septiembre de 2022
CADENAS DE PLATA
En determinadas etapas de nuestra vida nos toparemos de lleno con dificultades de grandes proporciones. Baches en el camino que nos harán creer que no seremos capaces de avanzar más y que nos encontramos ante el final del mismo. Para algunos, desafortunadamente, será así. Otros conseguirán vencer dicho obstáculo, no sin salir ilesos tras el enfrentamiento. Muchos de nuestros congéneres nos felicitarán por tan ardua azaña, y nos concederán una efusiva enhorabuena debido a que " eso que no nos ha matado, nos ha hecho más fuerte". No solo hemos salido victoriosos, si no que además la experiencia nos ha proporcionado de una fortaleza que anteriormente no poseiamos.
Tal vez sea así, y dicha experiencia sea capaz de dotarnos de sabiduría y la oportunidad de extraer algo positivo de ella. No obstante, en muchas ocasiones, lo que ocurre es que nos provoca un trauma que nos vuelve más débiles. En lugar de otorgarnos bonitas virtudes, dicho evento nos ha desprovisto de nuestra confianza, instinto, ilusión y felicidad. La herida no sana nunca, y deja una cicatriz tan profunda que nos cambia para siempre. Lo peor de todo, es el sentimiento de fracaso e inutilidad que nos inunda al no ser más fuertes, tal y como se espera.
Ante un evento traumático, no debemos asumir las consecuencias que este tendrá para la persona afectada, ya que serán completamente distintas para cada uno. Asimismo, tampoco hemos de sentir que hemos fracasado si no obtenemos nada bueno de este. El simple hecho de haber sobrevivido ya es motivo para enorgullecerse. Y es que al final, lo que no nos mata, nos deja secuelas, positivas o negativas.