domingo, 7 de mayo de 2017

MUERTE

Me aterra la muerte. Cuando pienso en el día en que abandone este mundo, me recorre un escalofrío intenso. A pesar de que es algo a lo que me enfrento a menudo, y es la única verdad irrefutable de este mundo, algo natural y que empieza a suceder desde el momento en que nacemos.

Quiero seguir aquí, necesito seguir aquí. Saber qué ocurrirá en el mundo y más allá de las fronteras del espacio, cómo evolucionará la sociedad, qué nuevos avances verá la humanidad, qué conocimientos tomarán el lugar de aquellos que consideramos hoy en día irrefutables, si nos reconciliaremos con la naturaleza y con nosotros mismos.

Por supuesto, sería pretenciosa si dijera que este motivo es el único causante de mi miedo.
Tampoco deseo partir hacia esa desconocida oscuridad de la que nadie regresa. En el fondo me gusta pensar que cuando morimos, renacemos en otro lugar, otro tiempo, e incluso otro universo. Que se nos concede otra oportunidad. Esto, naturalmente, es una simple creencia personal.

Cruzar esa puerta, sin tan siquiera saber si hay algo detrás de ella, es aterrador.


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