En múltiples ocasiones me he encontrado a mí misma deseando ser como esas personas realmente activas y sociables, que siempre quieren salir a tomar una tapas, pasar la noche de fiesta e irse de acampada durante tiempo indefinido. El problemas es que a veces las relaciones llegan a un punto en que se tornan intolerables para mí.
Para muchas personas tengo un medidor, que cuando llega a su límite significa que necesito un descanso. No es que no quiera o aprecie a esa persona, ni mucho menos. Es que un exceso de actividad social me agota mentalmente, y me afecta. Me irrito con la mínima tontería, estoy a la defensiva sin motivo, lo que escucho me parece mal, me fuerzo a mí misma a ser sociable, etc. En fin, que me transformo en una auténtica amargada.
Para que esto no ocurra necesito pasar tiempo conmigo misma, disfrutar de mis aficiones, contemplar el mundo, o simplemente no hacer absolutamente nada y dejar a mi mente reposar.
Y cuando este periodo de asueto llega a su fin, me encuentro completamente renovada, con la energía y el deseo de llevar a cabo cualquier actividad social que se me plantee.
En múltiples ocasiones me he encontrado a mí misma deseando ser como esas personas realmente activas y sociables. Pero sé que no soy así ni jamás lo seré.
Hace tiempo pensaba que la raíz del problema residía en mi forma de ser. Hoy por hoy sé que el verdadero problema era que no me aceptara tal y como soy.
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