Hemos maquillado la vida de tal manera que nos parezca buena, cuando en realidad no lo es. Nos conformamos con la anhedonia, la miseria y el agotamiento, convenciéndonos a nosotros mismos de que no podemos pedir más y que debemos estar agradecidos por toda la fortuna de la que gozamos, por poca que sea. Vagamos al son de los que mueven los hilos, de los que nos mantienen los suficientemente cómodos para que no nos demos cuenta de que hemos descarrilado. De que algo falló en un momento del camino, pero aun así, magullados y tullidos, continuamos avanzando. Nos alejamos cada vez más de lo que nos hacía sentir plenos y satisfechos, en unión con todo lo que nos rodea.
Y aun así, nos creemos que todo lo que puede estar bien, está bien.