martes, 26 de octubre de 2021

VOLAR BAJO

Jamás entenderé porqué la gente que expresa emoción por algo que le apasiona, normalmente suele ser objeto de burla y de mofa.
Imagínese, alguien que se encuentra rodeado de amigos o conocidos, y está hablando de una de sus aficiones con absoluto entusiasmo. Se percibe en sus articulados gestos, en el brillo de sus ojos, en el calor de sus palabras. Y mientras está en pleno discurso, totalmente inmerso en él, alguno de los presentes manifiesta que ya es suficiente, que deje el tema porqué no les interesa y que está quedando en ridículo. Seguro que alguna vez hemos presenciado, e incluso vivida, una escena similar.
Es común encontrar a alguno de estos sujetos, que ni quiere ni le interesa saber lo que el otro tenga que expresar, y que en ocasiones hace por zanjar el tema. Como lógica consecuencia, la otra persona decide no volver a compartir su pasión con nadie, a no ser que esté completamente segura de que va a ser comprendida por su interlocutor.
Es sumamente satisfactorio que alguien quiera compartir contigo aquello que da luz a su vida, aquello que verdaderamente le apasiona y le motiva a seguir mejorando. Es más, nosotros ganamos la oportunidad de aprender sobre algo que, tal vez, ni tan siquiera teníamos la más mínima idea, e incluso pueda llegar también a encandilarnos. 
Lo curioso es que luego nos sorprende que la gente que nos rodea no tenga nada que decirnos, nada interesante que contarnos, nada que enseñarnos. Es que simplemente, cuando lo hicieron, no les dejamos. 


jueves, 21 de octubre de 2021

DULCE ESPERA

 Cuantas cosas ha arruinado la gratificación instantánea.
Tenemos la fortuna de vivir en una época que nos ofrece múltiples comodidades al alcance de nuestra mano, y la desgracia... De tenerlas al alcance de nuestra mano.
Desear algo ya no supone ningún reto, puesto que somos capaces de conseguir pequeños caprichos con bastante facilidad. Si lo que deseamos son unos zapatos nuevos, no tenemos más que acudir a una tienda y comprarlos. Si queremos escuchar cualquier canción, solamente debemos buscarla en cualquier aplicación y ahí la tendremos al instante. Si queremos comer un plato exótico, tan solo tenemos que pedirlo y un repartidor lo traerá a la puerta de nuestra casa. Dicho y hecho.
Sucede que para mí, ha desaparecido ese bonito y burbujeante sentimiento de felicidad que proporcionaba conseguir algo que llevaba esperando durante un tiempo. Como una canción que me gusta y de repente suena en la radio. Como la sandía que tan solo podía saborear durante el verano, o las mandarinas en invierno. Como un mullido y caliente jersey que me regalan en mi cumpleaños.
Conseguir todo lo que deseamos al instante no ha arrebatado lo más importante: el ser agradecidos por todo lo que tenemos. Y es que parece que hoy por hoy,  nunca hay suficiente, por mucho que tengamos. Y ello hace que no disfrutemos de lo que ya tenemos.


domingo, 17 de octubre de 2021

BELLO SUFRIMIENTO

No debería resultar un esfuerzo aceptar nuestro ser físico tal y como es. Es la forma en la que hemos venido a este mundo, que con el tiempo va cambiando, adaptándose a lo que le rodea, coleccionando marcas de experiencias y vivencias. 

Desde la antigüedad hemos sido esclavos de la belleza. Hemos perseguido incansablemente nuestra forma física más perfecta, aquella en la que somos más bellos y atractivos a nuestros ojos y los de los demás, sujetos a cánones de belleza tan cambiantes como las estaciones. Vivimos presos de nuestro propio cuerpo, obsesionados con encajar dentro de un patrón que con el tiempo ya no será igual. Lo peor de todo es que tenemos la osadía de juzgar a aquel que no sigue las férreas reglas estéticas que hemos establecido. Cualquier mínimo atisbo de individualidad o peculiaridad, enseguida capta la atención de aquel dispuesto a señalar con el dedo. 
Estamos tan obsesionados con alcanzar la belleza que no nos detenemos a disfrutar de nosotros mismos aquí y ahora. No nos permitimos ser felices hasta que seamos completamente perfectos, e incluso si lo logramos, el sufrimiento que nos ocasiona no nos permite deleitarnos de ello.

No debería resultar un esfuerzo aceptar nuestro ser físico, y tampoco el de los demás. 


miércoles, 13 de octubre de 2021

PELIGROSA IRREALIDAD

Imagina por un momento que pudiésemos controlar la continuidad de nuestros sueños. Que cada noche al dormirnos y adentrarnos en el mundo onírico, continuásemos justo dónde lo dejamos al despertar por la mañana. 
Tal y como ocurre cuando leemos un libro. En el momento en que deseamos detener una agradable y amena lectura, simplemente colocamos un marcador para saber en qué punto de la historia nos hemos quedado. Suena realmente fascinante y tentador, ¿verdad? 
Seríamos capaces de crear una segunda vida mientras nos encontramos sumidos en nuestros más profundos sueños, sin tan siquiera salir de nuestra cálida y confortable cama. Si me atrevo a ir un poco más lejos, hasta viviríamos experiencias que, despiertos, ni nos plantearíamos por un segundo. A diario nos encontramos limitados por el miedo y las circunstancias que nos rodean, los cuales nos impiden llevar a cabo múltiples actividades, y nos privan de vivir experiencias y momentos que podrían ser inolvidables. 
No ocurriría así en los sueños. En ellos seríamos capaces de crear un espacio seguro, en el cual nos sentimos invencibles ante todo, y el miedo no es un obstáculo para lograr nuestros deseos y objetivos. Todo está al alcance de nuestra mano: viajar a cualquier lugar del mundo, vivir en una inmensa mansión, tener un gran círculo de amistades, ser una celebridad... Tener un techo bajo el que vivir. Tener salud. Una familia que te cuida y quiere incondicionalmente.
Resulta que al final, los sueños no son iguales para todos, puesto que también se ven condicionados por nuestras realidad. Y de la misma forma que podrían ser un lugar en el que vivir emocionantes aventuras, también pueden ser el lugar en el que cubrir nuestras necesidades más básicas. Y en este último caso... ¿Querríamos dejar de soñar?¿Querríamos despertar y afrontar la terrible realidad? ¿Pasar por terribles penurias, que se verían aliviadas con tan solo cerrar los ojos y echarnos a dormir? 
Si te diesen a elegir... ¿Escogerías vivir o soñar?