Duele. Duele ver a una persona por la que sientes aprecio y cariño llamarte gilipollas. Verla juzgarte simplemente por como eres, apuntando con su dedo índice directamente a tus defectos, como si fueran pecados inconfesables, vergüenzas que deben ser escondidas del mundo. Como si ella no tuviera defecto alguno.
Así, una persona a la que quiero y aprecio ha dejado al descubierto que mis defectos son más poderosos que su amor por mí. Y yo no puedo más, me rindo. No me siento capaz de seguir aceptando a alguien que no me acepta. Porque... ¿En eso es lo que consiste la amistad, no? En aceptar a alguien, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué conmigo no es igual?
Sí, sigo queriéndola. Sí, seguiré a su lado cuando me necesite. Sí, seguiremos riendo y pasando tiempo juntas. Pero ya no confío en ella. No más.
miércoles, 22 de marzo de 2017
domingo, 12 de marzo de 2017
SI SIENTES QUE HAS PERDIDO TU DON
Para aquellos artistas que se sienten incapaces de coger un lápiz y dibujar algo que consideren digno de sus habilidades.
Para aquellos escritores que se hallan sentados durante horas, delante de una hoja en blanco, tratando de escribir una misera línea.
Para aquellos músicos que no consiguen encontrar ni la pasión ni la voluntad para tocar esa canción que tanto aman desde que tienen memoria.
Para aquellos deportistas que se creen incapaces de mantener el mismo ritmo que sus compañeros.
Para aquellos estudiantes que no consiguen de ningún modo mantener la concentración para leer ese tema sobre el que tanto querían aprender.
Para aquellos cocineros que no consiguen encontrar el punto justo de sabor y cocción de ese plato que llevan cocinando desde que son unos tiernos infantes.
Para aquellos jardineros que ven marchitarse las flores más bonitas durante la época en la que debían florecer en su máximo esplendor.
Para aquellos diseñadores que no son capaces de recrear ese vestido que tantos aplausos desató la pasada temporada en la pasarela de moda.
Para aquellos científicos que se encuentran estancados en el punto más importante de su investigación.
Esto es para todos vosotros, para todos los que creéis que vuestro don ha desaparecido de la faz de la tierra, que se ha desvanecido sin dejar el más mínimo rastro.
Debéis saber que no lo habéis perdido. No, no es así, sigue ahí. Tan solo se encuentra oculto en algún rincón de vuestro ser, y por algún motivo no sois capaces de sacarlo a la luz. Puede que esta situación dure un día, una semana, algunos meses... Quién sabe.
Lo sé, es desesperante. La incertidumbre de no saber qué pasará, de no ser capaz de hallar la voluntad para hacer aquello que tanto amábamos. ¿Cómo es posible que de repente, algo por lo que he practicado durante años, me resulte tan complicado de realizar? ¿Tanto que ni siquiera puedo pensar en llevarlo a cabo?
Pero he aquí las palabras que os quiero dedicar y que no quiero que olvidéis jamás: en cuanto menos lo esperéis, reaparecerá esa chispa. Ese pequeño click que hacía que vuestro don se disparara, que os hacía sentir esa llama cálida en vuestro corazón. A veces no sirve de nada forzarse, ni buscarlo desesperadamente, aunque ello implique aún más sufrimiento.
Simplemente, un día cualquiera regresará igual que se marchó; sin previo aviso.
Así que desde el corazón os digo, no os preocupéis. Disfrutad, y vuestro don, ese por el que tanto habéis luchado, por el que habéis sacrificado horas de vuestra vida, ese que habéis estado desarrollando desde que lo descubristeis, ese que os hace querer ser mejores de lo que fuisteis ayer, y que os ha proporcionado alegrías, enfados, satisfacción y frustración, regresará en cuanto menos os lo esperéis.
Para aquellos escritores que se hallan sentados durante horas, delante de una hoja en blanco, tratando de escribir una misera línea.
Para aquellos músicos que no consiguen encontrar ni la pasión ni la voluntad para tocar esa canción que tanto aman desde que tienen memoria.
Para aquellos deportistas que se creen incapaces de mantener el mismo ritmo que sus compañeros.
Para aquellos estudiantes que no consiguen de ningún modo mantener la concentración para leer ese tema sobre el que tanto querían aprender.
Para aquellos cocineros que no consiguen encontrar el punto justo de sabor y cocción de ese plato que llevan cocinando desde que son unos tiernos infantes.
Para aquellos jardineros que ven marchitarse las flores más bonitas durante la época en la que debían florecer en su máximo esplendor.
Para aquellos diseñadores que no son capaces de recrear ese vestido que tantos aplausos desató la pasada temporada en la pasarela de moda.
Para aquellos científicos que se encuentran estancados en el punto más importante de su investigación.
Esto es para todos vosotros, para todos los que creéis que vuestro don ha desaparecido de la faz de la tierra, que se ha desvanecido sin dejar el más mínimo rastro.
Debéis saber que no lo habéis perdido. No, no es así, sigue ahí. Tan solo se encuentra oculto en algún rincón de vuestro ser, y por algún motivo no sois capaces de sacarlo a la luz. Puede que esta situación dure un día, una semana, algunos meses... Quién sabe.
Lo sé, es desesperante. La incertidumbre de no saber qué pasará, de no ser capaz de hallar la voluntad para hacer aquello que tanto amábamos. ¿Cómo es posible que de repente, algo por lo que he practicado durante años, me resulte tan complicado de realizar? ¿Tanto que ni siquiera puedo pensar en llevarlo a cabo?
Pero he aquí las palabras que os quiero dedicar y que no quiero que olvidéis jamás: en cuanto menos lo esperéis, reaparecerá esa chispa. Ese pequeño click que hacía que vuestro don se disparara, que os hacía sentir esa llama cálida en vuestro corazón. A veces no sirve de nada forzarse, ni buscarlo desesperadamente, aunque ello implique aún más sufrimiento.
Simplemente, un día cualquiera regresará igual que se marchó; sin previo aviso.
Así que desde el corazón os digo, no os preocupéis. Disfrutad, y vuestro don, ese por el que tanto habéis luchado, por el que habéis sacrificado horas de vuestra vida, ese que habéis estado desarrollando desde que lo descubristeis, ese que os hace querer ser mejores de lo que fuisteis ayer, y que os ha proporcionado alegrías, enfados, satisfacción y frustración, regresará en cuanto menos os lo esperéis.
HIPOCRESÍA DESAPERCIBIDA
Eres un hipócrita.
Es una frase que se oye demasiado a menudo en múltiples ámbitos y conversaciones. Dejamos escapar estas palabras con total autoridad, como si nos pertenecieran, como si este término a nosotros nos fuera completamente ajeno.
"Eres tú el que eres un hipócrita. Yo tengo mi conciencia tranquila, ya que me adhiero completamente a mi férreo sistema de valores y mis actos concuerdan exactamente con lo que pienso."
¿Estamos completamente seguros de que en realidad... No somos un poco hipócritas?
Despreciamos la mentira, pero todos mentimos en algún momento, por motivos que consideramos mejores o peores.
Despreciamos a los que hacen daño a otras personas, sin embargo nosotros también lo hacemos en ocasiones, sin ni tan siquiera percatarnos de ello.
Despreciamos a los que son egoístas, pero nosotros también actuamos en nuestro beneficio.
Despreciamos la injusticia, aun cuando nosotros mismo las cometemos o somos partícipes de ellas.
No con esto quiero decir que esté mal llamar hipócrita a alguien. Simplemente no debemos olvidar que todos nosotros actuamos en múltiples ocasiones de forma contraria a la que pensamos, debido a las circunstancias, motivos personales, etc.
Y es que parece ser que resulta prácticamente imposible no ser un hipócrita, pues está en nuestra naturaleza ser seres contradictorios.
Es una frase que se oye demasiado a menudo en múltiples ámbitos y conversaciones. Dejamos escapar estas palabras con total autoridad, como si nos pertenecieran, como si este término a nosotros nos fuera completamente ajeno.
"Eres tú el que eres un hipócrita. Yo tengo mi conciencia tranquila, ya que me adhiero completamente a mi férreo sistema de valores y mis actos concuerdan exactamente con lo que pienso."
¿Estamos completamente seguros de que en realidad... No somos un poco hipócritas?
Despreciamos la mentira, pero todos mentimos en algún momento, por motivos que consideramos mejores o peores.
Despreciamos a los que hacen daño a otras personas, sin embargo nosotros también lo hacemos en ocasiones, sin ni tan siquiera percatarnos de ello.
Despreciamos a los que son egoístas, pero nosotros también actuamos en nuestro beneficio.
Despreciamos la injusticia, aun cuando nosotros mismo las cometemos o somos partícipes de ellas.
No con esto quiero decir que esté mal llamar hipócrita a alguien. Simplemente no debemos olvidar que todos nosotros actuamos en múltiples ocasiones de forma contraria a la que pensamos, debido a las circunstancias, motivos personales, etc.
Y es que parece ser que resulta prácticamente imposible no ser un hipócrita, pues está en nuestra naturaleza ser seres contradictorios.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)