Así es al menos como se siente, ya que es la misión que se nos otorgó desde el momento en el que vinimos al mundo. Desde que estamos en él y tenemos un mínimo conocimiento de lo que nos rodea, se nos ha mostrado el deplorable estado en el que se encuentra. Cada año que pasa se halla más contaminado y menos habitable. Es por ello que hemos de hacer todo lo posible por ser más amables con el medio ambiente de lo que fueron nuestros predecesores. Debemos usar la menor cantidad de plástico posible, reciclar todo desecho que generemos, usar el transporte público, abastecernos de productos de origen local, y tener siempre presente nuestro impacto medioambiental. Todo ello, mientras que aquellos que comenzaron a llenar el mundo de desperdicios se dedican a supervisar y juzgar cuan "eco friendly" somos.
Tampoco debemos descuidar la maltrecha economía que hemos encontrado. Tras varias crisis de esas que ocurren una vez en la vida, y un empobrecimiento de nuestro poder adquisitivo, nos encontramos ante una situación en que se nos insta a fomentar el comercio para que la economía salga a flote, mientras que con el salario mensual a malas penas da para cubrir los gastos básicos para sobrevivir.
Todo esto, por supuesto, tiene un impacto importante en nuestro estado de ánimo y salud mental. Desgraciadamente, estos ya están minados por la educación y crianza recibida por parte de progenitores que no tenían acceso, o no querían tenerlo, a las terapias necesarias para mantener u mejorar su salud mental y ser mejores padres. De esta forma nos han dejado el legado de sanar las heridas ocasionadas por su falta de recursos, así como también los golpes que ya recibimos diariamente de la sociedad, la vida, y nuestra propia mente. Sin olvidar entre tanto de ir recopilando conocimiento suficiente para crecer y ser mejores de lo que fuimos ayer.
Y si, todo eso es maravilloso. Debemos cuidar de lo que nos importa si queremos preservarlo.
Y si, todo eso es maravilloso. Debemos cuidar de lo que nos importa si queremos preservarlo.
No obstante, es agotador poseer el rol de reparador cuando aquellos que destruyen y rompen no son consecuentes con sus actos, y dejan en manos de otros la labor de reunir los guijarros de una realidad cada vez menos esperanzadora.