Duele. Duele ver a una persona por la que sientes aprecio y cariño llamarte gilipollas. Verla juzgarte simplemente por como eres, apuntando con su dedo índice directamente a tus defectos, como si fueran pecados inconfesables, vergüenzas que deben ser escondidas del mundo. Como si ella no tuviera defecto alguno.
Así, una persona a la que quiero y aprecio ha dejado al descubierto que mis defectos son más poderosos que su amor por mí. Y yo no puedo más, me rindo. No me siento capaz de seguir aceptando a alguien que no me acepta. Porque... ¿En eso es lo que consiste la amistad, no? En aceptar a alguien, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué conmigo no es igual?
Sí, sigo queriéndola. Sí, seguiré a su lado cuando me necesite. Sí, seguiremos riendo y pasando tiempo juntas. Pero ya no confío en ella. No más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario