No sé cómo dejar de existir sin dejar de vivir. Es algo que me atormenta desde que puedo recordar.
Sin duda hay miles de experiencias que deseo vivir y múltiples recuerdos que ansío crear. Todo aquello que puede ofrecer este mundo me resulta realmente asombroso y fascinante, desde la más diminuta célula hasta la más alta de las montañas. Las maravillas de las que es capaz la mente humana, creando obras de arte que hacen emerger sentimientos ocultos o descubriendo curas contra enfermedades que hasta hace algunos siglos infundían terror.
De la misma forma, la mente humana puede llevar a cabo creaciones oscuras o funcionar de forma no demasiado eficiente. Así, mis demonios van drenando mi energía poco a poco, y se posan sobre mis hombros obligándome a llevar ese peso cada día. Convierten acciones completamente triviales en un cúmulo de pensamientos catastróficos que no me dejan ver más allá. No me dejan percibir toda la belleza que hay detrás de esa tela oscura y deforme.
Y es que en el fondo, el verdadero problema es que no sé cómo vivir conmigo misma.
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