sábado, 8 de septiembre de 2018

BOLA DE CRISTAL

A lo largo de mi vida nunca he encajado en ninguna parte. En cada una de las distintas etapas que he atravesado, no he sentido un verdadera sentimiento de pertenencia.
Diría que en el colegio es cuando todo resultaba más sencillo. Simplemente estabas con quien deseabas, hacías lo que te hacía feliz y no tenías mayores preocupacioes. Todo esto por supuesto, dentro de nuestras posibilidades.
En el instituto... Todo empieza a cambiar. Empiezas a sentir la presión del resto por alcanzar la marca de excelencia de la sociedad, lo cual implica en gran parte de los casos ser alguien que no eres. Vestir de forma que no te hace sentir bien, no disfrutar de ciertos placeres porque el resto no los comparte, no cumplir sueños porque a otros les parecen irreales, tener que cumplir de manera constante expectativas de grupo y sociales que son sencillamente ridículas.
Tras mi paso por la universidad y durante mi estrepitosa carrera laboral, todo el daño sufrido en etapas anteriores me han hecho aun más difícil la tarea de encajar, tanto que al final de todo me siento absolutamente agotada. Y no debería ser así.

Hay unas pocas personas a las que realmente quiero y aprecio, y sé que estas siente lo mismo por mí.
Aun así, mi alma se siente completamente aíslada de todo lo que me rodea. No he conseguido encontrar a nadie que comprenda por completo el universo en el que vivo, los demonios que me atormentan incesantemente, las experiencias que me hacen sentir viva, las pasiones que hacen que mi corazón se ilumine.
Lo peor de todo esto es que empiezo a separarme de algunas de las almas que me rodean. Sé que forma parte de la vida separarse de seres queridos. No porque haya odio o malos sentimientos involucrados, sino simplemente porque vamos creciendo y evolucionando, lo que en ocasiones conlleva tomar caminos separados.

Aun así, no puedo evitar sentirme completamente sola en mi mundo.


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