Jamás entenderé porqué la gente que expresa emoción por algo que le apasiona, normalmente suele ser objeto de burla y de mofa.
Imagínese, alguien que se encuentra rodeado de amigos o conocidos, y está hablando de una de sus aficiones con absoluto entusiasmo. Se percibe en sus articulados gestos, en el brillo de sus ojos, en el calor de sus palabras. Y mientras está en pleno discurso, totalmente inmerso en él, alguno de los presentes manifiesta que ya es suficiente, que deje el tema porqué no les interesa y que está quedando en ridículo. Seguro que alguna vez hemos presenciado, e incluso vivida, una escena similar.
Es común encontrar a alguno de estos sujetos, que ni quiere ni le interesa saber lo que el otro tenga que expresar, y que en ocasiones hace por zanjar el tema. Como lógica consecuencia, la otra persona decide no volver a compartir su pasión con nadie, a no ser que esté completamente segura de que va a ser comprendida por su interlocutor.
Es sumamente satisfactorio que alguien quiera compartir contigo aquello que da luz a su vida, aquello que verdaderamente le apasiona y le motiva a seguir mejorando. Es más, nosotros ganamos la oportunidad de aprender sobre algo que, tal vez, ni tan siquiera teníamos la más mínima idea, e incluso pueda llegar también a encandilarnos.
Lo curioso es que luego nos sorprende que la gente que nos rodea no tenga nada que decirnos, nada interesante que contarnos, nada que enseñarnos. Es que simplemente, cuando lo hicieron, no les dejamos.
martes, 26 de octubre de 2021
VOLAR BAJO
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario