jueves, 21 de octubre de 2021

DULCE ESPERA

 Cuantas cosas ha arruinado la gratificación instantánea.
Tenemos la fortuna de vivir en una época que nos ofrece múltiples comodidades al alcance de nuestra mano, y la desgracia... De tenerlas al alcance de nuestra mano.
Desear algo ya no supone ningún reto, puesto que somos capaces de conseguir pequeños caprichos con bastante facilidad. Si lo que deseamos son unos zapatos nuevos, no tenemos más que acudir a una tienda y comprarlos. Si queremos escuchar cualquier canción, solamente debemos buscarla en cualquier aplicación y ahí la tendremos al instante. Si queremos comer un plato exótico, tan solo tenemos que pedirlo y un repartidor lo traerá a la puerta de nuestra casa. Dicho y hecho.
Sucede que para mí, ha desaparecido ese bonito y burbujeante sentimiento de felicidad que proporcionaba conseguir algo que llevaba esperando durante un tiempo. Como una canción que me gusta y de repente suena en la radio. Como la sandía que tan solo podía saborear durante el verano, o las mandarinas en invierno. Como un mullido y caliente jersey que me regalan en mi cumpleaños.
Conseguir todo lo que deseamos al instante no ha arrebatado lo más importante: el ser agradecidos por todo lo que tenemos. Y es que parece que hoy por hoy,  nunca hay suficiente, por mucho que tengamos. Y ello hace que no disfrutemos de lo que ya tenemos.


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