domingo, 17 de octubre de 2021

BELLO SUFRIMIENTO

No debería resultar un esfuerzo aceptar nuestro ser físico tal y como es. Es la forma en la que hemos venido a este mundo, que con el tiempo va cambiando, adaptándose a lo que le rodea, coleccionando marcas de experiencias y vivencias. 

Desde la antigüedad hemos sido esclavos de la belleza. Hemos perseguido incansablemente nuestra forma física más perfecta, aquella en la que somos más bellos y atractivos a nuestros ojos y los de los demás, sujetos a cánones de belleza tan cambiantes como las estaciones. Vivimos presos de nuestro propio cuerpo, obsesionados con encajar dentro de un patrón que con el tiempo ya no será igual. Lo peor de todo es que tenemos la osadía de juzgar a aquel que no sigue las férreas reglas estéticas que hemos establecido. Cualquier mínimo atisbo de individualidad o peculiaridad, enseguida capta la atención de aquel dispuesto a señalar con el dedo. 
Estamos tan obsesionados con alcanzar la belleza que no nos detenemos a disfrutar de nosotros mismos aquí y ahora. No nos permitimos ser felices hasta que seamos completamente perfectos, e incluso si lo logramos, el sufrimiento que nos ocasiona no nos permite deleitarnos de ello.

No debería resultar un esfuerzo aceptar nuestro ser físico, y tampoco el de los demás. 


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