Puede que no sea moral ni éticamente correcto desearle el mal a alguien. Quién sabe, cada cual opinará distinto según su cultura y educación. De lo que sí estoy segura es de que es una respuesta natural a un trato vejatorio por parte de otros hacia nosotros. No voy a reprimir ese sentimiento para ser moralmente superior, o porqué perdonar se considere lo más maduro emocionalmente. Puedo perdonar (hasta cierto punto), lo que no puedo es pretender que le deseo el bien a alguien que me ha manipulado, que me ha engañado, que no se ha portado conmigo con deferencia, y que me ha menospreciado. Deseo que a esa persona le ocurra, como mínimo, lo mismo que me ha hecho a mí. Y más que eso, deseo que dentro de sí mismo tenga lugar un cambio, que se encienda un interruptor que le haga ver todo el mal que ha hecho y sienta la más tremenda e insoportable culpa. Quiero que mire hacia atrás y sea plenamente consciente de su comportamiento, y que así pueda rectificar y crecer como ser humano. Quiero que se sienta ruin y despreciable, y más que nada, que se arrepienta de sus deleznables actos.
No voy a fingir por el mero hecho de contentar a otras personas. El que quiera es libre de hacerlo. Yo me voy a permitir sentir mis más puras emociones, producto de la maldad de otras personas. No voy a encerrar en lo más profundo de mi ser la penumbra creada por otros para que me destroce desde dentro.
Por supuesto que le deseo al mal a otras personas. Les deseo el mal porque no es más que la consecuencia de sus propios actos. Les deseo el mal, porque quiero que dejen de hacer el mal a otros. Deseo que, ojalá, el mal les haga bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario