miércoles, 13 de octubre de 2021

PELIGROSA IRREALIDAD

Imagina por un momento que pudiésemos controlar la continuidad de nuestros sueños. Que cada noche al dormirnos y adentrarnos en el mundo onírico, continuásemos justo dónde lo dejamos al despertar por la mañana. 
Tal y como ocurre cuando leemos un libro. En el momento en que deseamos detener una agradable y amena lectura, simplemente colocamos un marcador para saber en qué punto de la historia nos hemos quedado. Suena realmente fascinante y tentador, ¿verdad? 
Seríamos capaces de crear una segunda vida mientras nos encontramos sumidos en nuestros más profundos sueños, sin tan siquiera salir de nuestra cálida y confortable cama. Si me atrevo a ir un poco más lejos, hasta viviríamos experiencias que, despiertos, ni nos plantearíamos por un segundo. A diario nos encontramos limitados por el miedo y las circunstancias que nos rodean, los cuales nos impiden llevar a cabo múltiples actividades, y nos privan de vivir experiencias y momentos que podrían ser inolvidables. 
No ocurriría así en los sueños. En ellos seríamos capaces de crear un espacio seguro, en el cual nos sentimos invencibles ante todo, y el miedo no es un obstáculo para lograr nuestros deseos y objetivos. Todo está al alcance de nuestra mano: viajar a cualquier lugar del mundo, vivir en una inmensa mansión, tener un gran círculo de amistades, ser una celebridad... Tener un techo bajo el que vivir. Tener salud. Una familia que te cuida y quiere incondicionalmente.
Resulta que al final, los sueños no son iguales para todos, puesto que también se ven condicionados por nuestras realidad. Y de la misma forma que podrían ser un lugar en el que vivir emocionantes aventuras, también pueden ser el lugar en el que cubrir nuestras necesidades más básicas. Y en este último caso... ¿Querríamos dejar de soñar?¿Querríamos despertar y afrontar la terrible realidad? ¿Pasar por terribles penurias, que se verían aliviadas con tan solo cerrar los ojos y echarnos a dormir? 
Si te diesen a elegir... ¿Escogerías vivir o soñar? 


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