No se debe interferir con la naturaleza. Cuando somos testigos de un acto que consideramos injusto en un entorno natural, no debemos inmiscuirnos para cambiar el curso de los acontecimientos. Debemos dejar que la naturaleza siga su camino, y ser meros espectadores de lo que suceda. Aunque con nuestro acto seamos capaces de aportar un poco de felicidad o de cambiarle el mundo a una pequeña criatura, debemos permanecer impasibles.
Es una afirmación del todo hipócrita viniendo del ser humano. No hay otro ser vivo sobre la faz de la tierra que haya interferido más con la naturaleza que el humano. Hemos amoldado el entorno a nuestras necesidades, cambiando completamente la morfología de los lugares que habitamos, y expulsando sin miramiento a todas las criaturas que allí moraban muchísimo antes de que nosotros llegaramos. Tampoco permitimos que la naturaleza siga su curso natural cuando enfermamos, buscando atención médica inmediata para restablecer nuestro buen estado de salud. Incluso las personas que creen en una deidad, cuando buscan consuelo o solución a sus problemas, rezan para que la intervención divina mejore sus vidas.
Pero no debemos interferir con la naturaleza, si no dejar que esta siga su curso por muy cruel que nos parezca.
Claro, la diferencia se haya en el beneficio que se pueda obtener de dicha interferencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario