Nos dañan. Dañamos. En ocasiones los hacemos sin ni tan siquiera percatarnos de ello. Otras veces, lo hacemos guiados por malos sentimientos. Sea como sea, nuestro interior se resquebraja en mil pedazos, que esperan ser juntados de nuevo. Nuestra alma anhela que el mismo que ha ocasionado el daño, sea también quien lo repare. Que sea capaz de enmendar sus errores y curar nuestras heridas. Desgraciadamente, el universo no es justo y no debemos esperar que alguien que nos ha hecho daño decida reparar el mal que ha ocasionado. Frecuentemente nos veremos abandonados frente a esta tarea, y deberemos recoger los pedazos, y tratar de unirlos para volver a su estado inicial.
Aun así, se siente increiblemente injusto tener que reparar algo que otra persona ha roto dentro de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario