Todos hablamos de todos. Esto es un hecho por mucho que nuestra ingenuidad nos impida verlo, o diría que es más correcto afirmar que nuestra mente nos protege de ello. Prácticamente todos habremos recibido por parte de alguien a quién queremos palabras desalentadoras y/o hierientes, insultos o vejaciones en algún momento de nuestra vida. Así, de la misma forma nosotros mismos también habremos dispensado este trato sin tan siquiera darnos cuenta. Muchas veces no lo hacemos con maldad, si no por que un acúmulo de sentimientos nefastos nos impide actuar con claridad y sacan de nuestro interior las palabras más oscuras y devastadoras. Aun así esto no lo hace menos doloroso para la persona receptora de ese odio que te rasga en lo más profundo del alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario