lunes, 21 de noviembre de 2022

INCOHERENCIA VEHEMENTE

Dicen que cuando te sientes ahogado, abrumado por las circunstancias de la vida es debido a que Dios pone un océano de por medio porque tus enemigos no saben nadar.
Justificar el sufrimiento con la necesidad de pasar por él para así experimentar crecimiento personal, superar las adversidades y a aquellos que nos desean mal es increíblemente vaga, simplista y cínica. 
No es necesario un vasto océano para evitar que mis enemigos me alcancen y cesen en su persecución. Con una charca un poco profunda es más que suficiente para detener a cualquiera que carezca de la habilidad de desplazarse en el agua. Y aun suponiendo que yo sí sepa hacerlo, un océano embravecido puede engullir hasta al más habilidoso nadador, y mandarlo hasta sus profundidades más ignotas y tenebrosas por siempre. 
Si las circunstancias de la vida llegan con el objetivo de que aprenda una lección, pero existe la posibilidad y alta probabilidad de que en el proceso encuentre mi fin, quizá no sean muy buenas docentes. 
El sufrimiento conlleva aprendizaje, pero ello no significa que sea justificable ni mucho menos que tenga un propósito per se. Simplemente forma parte de la experiencia de estar vivo.


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