viernes, 11 de noviembre de 2022

BIFURCACIÓN DECISIVA

Es curioso cómo catalogamos los distintos tipos de relaciones en base a valor social y durabilidad. Porque por lo general, teniendo en cuenta las expectativas que tenemos puestas en ellas y la duración probable que creamos que esta va a tener, le adjudicamos un valor u otro. De esta forma, a más larga y estrecha vaya a ser esa relación, más valor se le otorga.

Lo que es peor aun, es que de manera arbitraria se ha decidido qué relaciones deben ser más duraderas (y dicho sea de paso, prioritarias). De manera que una amistad siempre irá por delante de una relación amorosa, y una unión familiar será prioritaria a un amigo. ¿Porqué es así? ¿Porqué creemos que un amigo será para toda la vida y un/a esposo/a no? ¿Porqué creemos que el término de familia no se debe mancillar bajo ningún concepto? 

De esta forma, podemos elevar hasta las cotas más altas de forma errónea una relación que puede no ser beneficiosa para ninguno de los participantes, pero como socialmente se ha dictaminado que esta unión debe ser eterna y sagrada, no nos planteamos terminarla, perpetuando así una situación que acabará por destruirse a ella misma o por intoxicar a las personas que en ella se encuentran.

No debemos quedarnos en un lugar en el que ya solo existe la negatividad o el vacío tan solo porque es lo que se nos ha enseñado y porque es lo correcto. Lo único absolutamente cierto en toda relación, es que algún día, inevitablemente, terminarán, ya que lo que no separa la vida, lo separará la muerte. Al final lo único que nos queda es disfrutar y cuidar de nuestras relaciones presentes, ya sean familiares, amistosas, amorosas, y demás, de aquellas relaciones que aportan felicidad y nos ayudan a evolucionar y crecer como personas. Si duran hasta el día de nuestra muerte, será un privilegio. Si no, debemos dejar que cada uno siga su camino y pueda continuar en paz por la vida. 


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