Durante mucho tiempo he sentido que el hacer algo bueno por otra persona automáticamente me otorgaba el derecho de no ser tratada por ésta de ninguna forma que me resultara incómoda o desagradable. Como si por el mero hecho de haber realizado una buena acción obtuviera una protección inmediata ante tratos derogatorios. Por desgracia, el mundo no funciona de ese modo, ya que por muchas buenas obras que lleves a cabo nadie te debe absolutamente nada. Aunque hayas salvado numerosas vidas y hayas creado infinitas sonrisas, el mundo no tiene el deber de devolvértelo. Al fin y al cabo he ahí el significado mismo del altruismo.
Al final lo que he aprendido es que el objetivo de tu acción no debe ser una recompensa, ya que lo más probable es que no la obtengas. Hazlo porque consideras que es lo correcto. Hazlo pensando si tú querrías que hicieran lo mismo por ti. Vive con la felicidad que has aportado, porque ni nada ni nadie te lo va a pagar. Pero recuerda, que nadie se aproveche de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario