lunes, 12 de marzo de 2018

CALLEJÓN SIN SALIDA

Sentir ansiedad por la muerte es una de las peores experiencias que se pueden sufrir.
Siempre ocurre durante esas noches en las que me resulta tremendamente complicado conciliar el sueño. Mis pensamientos se desbocan como una estampida, mis preocupaciones se intensifican, y mis miedos más profundos empiezan a resurgir desde las más inóspitas profundidades. Entre ellos, la mortalidad. En ese momento el terror me invade y una opresión como jamás la he sentido me comprime el pecho. Se me aceleran el pulso y la respiración, y todo a mi alrededor se torna extraño. Pensar que algún día las persoans que más quiero morirán, que yo también dejaré de estar en este mundo, que no sé qué ocurre cuando ese momento llega, todo lo que no podré experimentar, todo lo que dejaré por terminar... Por suerte esta estampida de pensamiento tan solo dura unos segundos y cuando recupero un poco la calma, soy capaz de controlarlo.
Sin embargo, temer a algo inevitable es lo peor que puede ocurrir.


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