Los misterios tienen un magnetismo inexplicable para los seres humanos, nos atraen como la luz de una vela atrae a las polillas. Allá donde haya un misterio habrá un ser humano curioseando, observando desde un rincón.
Entiendo esta atracción, pues yo también la siento. Lo que no comprendo es por qué se pierde por completo el interés en cuanto se descubre la verdad que hay tras el misterio. ¿Será debido a que resulta demasiado aburrida? ¿A que se le da un fin al morbo? ¿A la imposibilidad de imaginar ya todos los escenarios posibles?
A mí personalmente el misterio me fascina y me frustra.
Me fascina el hecho de que nadie haya podido desentrañar la verdad y las infinitas respuestas que se le pueden dar, algunas muy simples y otras totalmente descabelladas.
Me frustra no saber la verdad tras el misterio, no saber qué es lo que esconde me quema por dentro. Hay tantas verdades ocultas en este mundo, verdades que ni tan siquiera imaginamos que puedan existir. Me siento impotente ante el hecho de que jamás podré saber toda la verdad de este mundo.
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