El sentimiento de inutilidad, relacionado con la productividad, es uno de los peores que se nos ha inculcado. Si no estamos empleando nuestro tiempo y energía en ser productivos, en estar creando algo, en estar prestando un servicio, en estar cuidando de alguien, en ser un miembro productivo de la sociedad, es que somos personas inútiles. Juzgamos prestos a aquel que aparentemente no ocupa todo su tiempo con actividades de las que se obtenga beneficio, ya sea material o intangible, y lo miramos y tratamos con desprecio. Como si se tratase de un objeto ponzoñoso que envenena todo aquello cuanto toca.
No considero que hayamos venido a este mundo para ser útiles. Hemos aparecido aquí por pura casualidad, y no tenemos la obligación de que nuestro objetivo en la vida consista en ser provechosos para un fin.
Tenemos permitido existir sin más, sin la presión de crear para dotarnos de finalidad y significado. No tenemos porqué pagar por nuestra existencia.
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